Síndrome del amor negativo

Por Maru Lozano

¿Te aman o aman lo que deberías ser? Todos de algún modo, hemos experimentado ese amor negativo por parte de amigos, jefes, compañeros, papás, parejas o hijos.

 

Todo empieza cuando nacemos y se nos  ama no por lo que somos, sino por lo que se “debe llegar a ser”, desde el principio se ponen condiciones para ofrecer amor.

Es en 1967 que se acuña el término de amor negativo por Bob Hoffman quien nos dice que todo parte de la desconexión emocional que de repente padecemos.

Cuando una persona se siente indigna porque de pequeño no le reconocieron su persona sino que lo educaron bajo los “deberías”, se desconecta de su propio ser y su desenvolvimiento se da en torno al grandísimo esfuerzo de satisfacer las necesidades y las expectativas de todo el mundo. Lo malo es que pueden tener destellos de ternura, docilidad o bien, de agresividad o rebeldía.

Se me hace medio feo pensar que muchos nos vivimos bajo la premisa: “soy querible en tanto no sea quien soy y sea lo que los demás esperan de mí”. Y ¿sabes? gracias a esta forma de concebir la vida, aceptamos chantajes, manipulaciones, humillaciones y nos entrenamos muy bien para desmerecer y vivir mal.

Desde que somos pequeños, grabamos en nuestra mente los patrones que nuestros educadores han puesto en nosotros y lo que sucede cuando crecemos, es que no recordamos dónde aprendimos esas condiciones implantadas y surgen los conflictos emocionales porque creemos que somos malos y que somos culpables de la insatisfacción de los demás.

Todos contamos con cuatro aspectos: el intelectual,  emocional,  espiritual y el corporal, y cuando algo anda mal, luego luego le queremos meter “cabeza” y tratamos de arreglar los conflictos desde ahí; cuando la verdad, el intelecto es el más pobre de los cuatro aspectos que mencionamos para intentar crecer en lo desconocido.  El intelecto siempre necesita de experiencias antiguas o de recuerdos, para saber cómo seguir, ¡imagínate!  En cambio, lo emocional,  espiritual y corporal tienen mensajes, idiomas y percepciones rápidas muy asertivas para todas las situaciones desconocidas, haciéndonos sentir “seguros” y aptos.

Cuando integramos los cuatro aspectos y recordamos a los tres más importantes, recuperamos el equilibrio.  Por ejemplo, si una persona rescata el derecho a enojarse por aquello que le hizo rabiar, obtiene el derecho de autoafirmarse en la vida, pero si piensas con el intelecto que el enojo es malo, entonces reprimes, te comprimes y no expresas lo tuyo sino lo “suyo” y tu malestar será evidente.

Al abrirnos al campo emocional, rompemos esquemas, creencias, valores mal entendidos y prejuicios entre otras cosas, pero lo mejor es que captamos entonces que somos seres amorosos sin condición, compasivos, capaces de perdonar y sabremos entonces que ¡somos poderosos!

Podemos romper con la gente que nos demuestra un amor negativo sabiendo que no estamos obligados a aceptar eso y sabiendo también, que quizá son los menos, porque hay un mundo de gente ávida de tu capacidad, busca a ese ser que necesita incondicionalmente tu compañía y ¡a disfrutar de la entrega positiva!