Por Dante Lazcano
Para que un equipo de futbol americano, en cualquier categoría, sea capaz de conquistar un campeonato, se requiere de una misión titánica en la que deben combinarse muchos ingredientes de gerencia, jugadores y entrenadores y, por si fuera poco, que también aparezca una pizca de fortuna.
Como lo hemos comentado muchas veces, en la NFL existen dos caminos para construir un equipo con auténtico calibre de campeón en el que el primero consiste en apostar por el draft, desarrollar el talento propio y aderezarlo con uno que otro agente libre de calidad que llegue a complementar el proyecto, el proceso requiere de mucha paciencia y visión.
El otro camino es abrir la chequera y contratar jugadores de capacidad probada, auténticos mercenarios, con la intención de armar rápidamente un roster capaz de competir por el título, este en este modelo, la paciencia suele ser lo último que caracteriza a los dueños, y quizá por eso no es el camino más utilizado ya que al final puede resultar extremadamente costoso.
Sin embargo, dentro de todos esos procesos existe un elemento que termina siendo determinante y que puede marcar la diferencia entre un equipo que funciona y otro que se queda en el intento es a la hora de configurar una línea ofensiva, ese bendito grupo del que nadie se acuerda cuando se gana, pero todos lo maldicen cuando las cosas no funcionan.
Y ahí es donde la historia para mis beloved Chargers se repite.
Hace un año el equipo sufrió tantas bajas en la unidad que al final debió echar mano de 32 combinaciones de linieros ofensivos, bajas que arrancaron desde la pretemporada con Rashawn Slater y con once juegos perdidos de Joe Alt.
Y como pareciera que la costumbre no debe perderse, el centro que agarraron en agencia libre, Tyler Biadasz, no jugará todo el año debido a que se lesionó los ligamentos de una rodilla, situación que ya puso en predicamento al staff de entrenadores.
Tal pareciera que es una maldición pues Mike Pouncey en el 2020 perdió todo el año, dos después Slater, en el 2023 Corey Linsley, vamos, quienes se supone deberán ser un muro inexpugnable sólo se lesionan.
Lo más preocupante no es que el equipo perdiera al agente libre, sino que la temporada aun no inicia y ya estamos pensando en ver la manera de conseguir suplentes, por lo que de nuevo elevamos las plegarias para que Justin Herbert, literalmente, corra por su vida.
Por piojo
Aunque la gota que derrama el vaso para el dueño de los 49ers, Jed York, fue que una policía encubierta lo “atoró” porque buscaba servicios sexuales de 160 dólares y por esas maneras ahorrativas que tiene para su satisfacción, está metido en un escándalo que le podría costar mucho más que una noche en la cárcel o una fianza para salir de ella.
Lo preocupante del asunto es que al dueño del equipo norcaliforniano le andaban pisando los talones, lo que habla que ya lo traían y de esto pudiera resultar un escándalo que hasta el control del equipo puede perder, no olvidemos lo que sucedió con Eddie DeBartolo.
Trivia de la semana
Quiero que me digan, por qué mis beloved Chargers se llaman de esa manera y la respuesta a la trivia de la semana pasada: los Pittsburgh Steelers con la Terrible Towel.
Mis dos centavos
Sin caldo que no traigo cuchara.







































