Escuela particular (o privada) en México ¿crecer o morir? parte II

Por Lic. Gustavo Fernández De León.

“Será más firme nuestra amistad cuando resulte de una convicción común que confirma ahora nuestra asistencia aquí con el unánime y exclusivo deseo de servir a nuestro país”: Manuel Gomez Morín.

 

En la primera parte de esta columna hablé de la historia de la educación privada en México así como su transformación, derivada principalmente de los cambios en las condiciones fiscales con las que operan. En esta ocasión, explicaré parte de la función social que este tipo de educación proporciona.

Lo primero que debemos asentar es que es imprudente hacer una comparación de calidad entre la educación privada y la pública. En una y otra, el hecho de que obtengan buenos resultados depende de muy diversos factores. Sin embargo, las posibilidades de adaptación a las necesidades de la sociedad, y a las habilidades individuales de los alumnos, son más flexibles en la educación privada, es por eso que la característica que la define, la describiremos como más “pertinente”.

Hay que tener claro que las funciones de las escuelas particulares son diferentes en cada país, según sea la circunstancia. En algunos lugares del mundo se atiende principalmente a alumnos en rezago que no pueden formar parte de la educación pública; pero en nuestro país, la educación particular atiende al sector que busca una mejor atención a las necesidades individuales del alumno, un servicio más amplio y alta calidad educativa con programas adicionales a los contenidos que se imparten de forma regular.

Hoy, la base de los programas de educación pública obedece a un solo criterio centralista, y limita a que la sociedad participe en la solicitud y desarrollo de programas y planes educativos. La educación que imparten los particulares, en cambio, por su misma naturaleza privada, lleva un componente de competitividad en su operación, de atención y servicio tanto al alumno como al padre de familia, el ofrecimiento de un abanico de programas adicionales desde idiomas, deportes, tecnologías y arte, que la hacen también buscar una mayor innovación en las técnicas pedagógicas con las que imparte esta formación a sus estudiantes.

Muchas familias están interesadas en inscribir a sus hijos en alguna escuela privada para acercarles herramientas que puedan llevar sus talentos a niveles altos de desempeño, pero no siempre cuentan con el presupuesto para su elección.

Estos padres de familia no tienen la libertad de decidir si la inversión que el gobierno dedica a su hijo se canalice a una escuela particular,  y precisamente la propuesta – que se ha ventilado en varios foros – es que se motive la participación de los padres a acceder a escuelas privadas, con el diseño de un bono educativo en el que, quienes lo deseen, puedan asistir a la escuela de su preferencia a un costo reducido.  Un modelo muy similar al que ya se maneja con las guarderías participativas que rige el Seguro Social.

Al final, ambas tienen un mismo objetivo: Crear jóvenes exitosos, capaces de resolver los retos de la vida moderna.

 

Maestro por el Tecnológico de Monterrey

Presidente de Coparmex Tijuana

gustavofernandezdeleon@hotmail.com