El “mero mero”

Por Maru Lozano Carbonell

Sabrán que además soy licenciada en Educación y que también me dedico a dar clases de inglés en nivel secundaria y superior, por lo que hice un ejercicio interesante en mis redes sociales. Primero externé mi deseo de poner en Tijuana una escuela secundaria y preparatoria donde se eduque con sistema tradicional, pero de la mano de la tecnología, creatividad, reglas de convivencia y mediación al cien por ciento. Maestros con mentalidad de 40 y más y sin aceptar papás solapadores.

Pregunté si había algún socio interesado porque, como docente, pues gano como docente y no me alcanzaría para abrirla.

Recibí millones de bravos y comentarios de maestros de mi edad -yo tengo 51- también de maestros jóvenes, de alumnos chiquitos y grandotes, de amistades diversas y todos, absolutamente todos coincidían con este proyecto.

No hubo un “qué bárbara, eso no funcionaría”. Entonces pregunto: Si todos queremos una educación de calidad ¿quién está fallando? Por lo que hice una encuesta también en mis redes donde la pregunta era: “¿Quién tiene culpa de que en las escuelas se consienta a los estudiantes y baje la calidad? ¿Papás o director/dueño de escuela?”.

El 55 por ciento dijo que papás y el 45 por ciento que director/dueño de escuela.

Si yo lanzara otra pregunta como: “¿Quién tiene la culpa de que en casa existan los berrinches y tiradero? ¿Maestros o papás?”, ¿qué dirías?

Aquí no se cuestiona si es el alumno o el hijo, ¿verdad? Es que, siendo menor de edad y estando en etapa de formación, ¡los adultos rigen!

Hablando de escuelas públicas, pobre alumno, pobre director, pobre docente, pobre papá y pobres todos en manos de nuestro querido sistema educativo.

Pero en escuelas particulares, lo complejo es que, como el padre de familia paga una colegiatura y el dueño vive fascinado con el negocio, pues pobre director que tiene que dar gusto a los papis y gusto a los dueños. Aquí lo triste es que se sabe perfectamente que un docente entonces tiene que soportar las inconsistencias y trabajar sobre lo burdo.

Los alumnos y los hijos son lo mismo en cualquier parte del mundo, y en una escuela, la calidad y límites los debería marcar la misma, de lo contrario, se podría elegir otra opción escolar.

Comprobé que a todos nos gustaría que los niños y jóvenes se formaran de verdad y comprobé también que los papás son los primeros en patinar por aquello de las complicaciones con el sorteo del trabajo y la paternidad. Entonces deberían dejar que en las escuelas se diera calidad porque ese Centro Escolar está lleno de gente experta que estudió para hacer que los alumnos den lo mejor de sí, todo está en que los directores no “inflen las calificaciones”, los papás no “inflen a sus bendiciones” y los dueños no “inflen sus bolsillos” porque entonces pareciera que la culpa es del “mero mero” a cargo del chico dependiendo la locación.

¡Pobres muchachos en manos de adultos que se pasan la bolita sin marcar qué, cómo, ni cuándo! Están formándose digitalmente a base de “likes” y realidades virtuales. No quiero imaginar cómo serán como futuros universitarios, empleados o bien, ¿qué negocio querrían emprender?

Ya no fallemos más y desde nuestras posiciones ¡hagámonos cargo!, porque algún día ese chico será el “mero mero”.