Por Juan José Alonso Llera
“La tiranía totalitaria no se edifica sobre las virtudes de los totalitarios sino sobre las faltas de los demócratas”
A pesar de la caída de los 53 años de dictadura de la dinastía Al-Assad, hoy la crisis en Siria sigue causando un tremendo sufrimiento tanto a las personas que viven dentro del país como a las que se han visto obligadas a huir.
El conflicto continúa siendo la mayor crisis de refugiados a nivel mundial. Más de 11 millones de sirios y sirias aún dependen de la ayuda humanitaria.
La guerra civil arrancó en 2011 a raíz de la dura represión estatal contra las protestas pacíficas prodemocracia que se realizaron para intentar derrocar a Al-Assad. Se calcula que medio millón de personas ha muerto desde entonces.
Después de medio siglo de gobierno con mano de hierro, una ofensiva relámpago de las fuerzas rebeldes cambió la realidad del país de la noche a la mañana. En solo 12 días el poderoso grupo islamista Hayat Tahrir al Shams (HTS) y sus facciones aliadas precipitaron la caída del presidente Bashar al Assad, tras 13 años de guerra civil.
“Con el colapso del régimen de Assad se rompió el principal punto de conexión entre Irán y Hezbolá en el sur de Líbano y lo que se conoce como la ‘Media Luna chiita’. Esta región (donde la mayoría de la población es chiita) que comienza en Irán, pasa por el sur de Irak, por Siria con el régimen de Assad y Hezbolá en Líbano, ahora está también fracturada”.
Turquía, que ha lanzado numerosas operaciones militares en Siria, principalmente contra las fuerzas lideradas por los kurdos sirios, ahora efectivamente controla una zona a lo largo de la frontera norte del país. También apoya a facciones que pelearon contra Al Assad, como el Ejército Nacional Sirio y el Ejército Libre Sirio.
Para Washington, la caída del régimen que estaba respaldado por Moscú y Teherán, es una señal positiva después de haber estado buscando reemplazar al gobierno sirio con medios directos e indirectos desde 2011.
A los israelíes les preocupa especialmente quién podría hacerse con el supuesto arsenal de armas químicas de Bashar al Assad. Benjamín Netanyahu insistió en que su país “enviará una mano de paz” a los sirios que querían vivir en paz con Israel.
Rusia apostó por el caballo perdedor. Moscú lanzó su intervención militar en septiembre de 2015 cuando el régimen de Assad estaba muy debilitado y controlaba apenas el 26% del territorio. La ayuda de Moscú y de Hizbulá ayudó al Gobierno de a revertir la situación, que acabó aislando a los insurgentes en Idlib, último bastión insurgente.
Sin duda, pobre Siria: cambia de guerra civil a gobierno de rebeldes (antes terroristas relacionados con Al Qaeda).
Sin duda, una hipocresía total, occidente celebra la caída de Bashar porque él era un problema y Rusia tenía influencia, pareciera que USA y compañía se anotan un gol sin importar el destino de Siria, lo que les importa es vencer a Rusia y compañía, así la geopolítica, veremos qué pasa en la transición.


































