Por Jorge Barreto
El distinguido escritor y analista político Francisco Martín y Moreno ha elaborado una relación de presidentes de la SCJN desde 1995, con la información de su preparación profesional y experiencia en su carrera dentro del poder judicial.
Todos sin falla han tenido una gran preparación dentro del poder judicial y haber desarrollado dignamente su puesto al que fueron elegidos.
Termina esta relación con Norma Piña, y eliminando la información de Zaldívar por obvias razones de su comportamiento, que es del conocimiento público.
Se menciona también al flamante presidente actual, producto de los acordeones en la votación, sin la menor experiencia en el poder judicial, con el único mérito de ser amigo de López Obrador.
La repartición de acordeones indicando por quien votar en la farsa de elección de jueces, magistrados y ministros de la SCJN en la supuesta renovación judicial, fue un acto detestable en nuestro país, que la historia lo mencionará como nefasto.
Estos actos nos afianzan y fortalecen nuestra clasificación ganada a pulso de país bananero.
Estos actos son una vergüenza nacional el nombrar a un abogado neófito de los procesos judiciales, en un poder soporte de la República.
Más la repetición de nombramiento a las tres mujeres impuestas por López Obrador en la pasada SCJN
¿Coincidencia? ¿Trampa?
Probablemente sea un buen abogado, con principios sólidos, no obstante el haber colaborado en el tren maya con Obrador, pero sin ninguna experiencia para ser la máxima autoridad del poder judicial de la Federación.
Eso es obvio y no es ningún secreto ni ninguna ofensa.
Su nombramiento fue muy controvertido al pasar de un desconocido a ser la persona que más votos logró.
Cabe mencionar que no hubo conteo de votos en las casillas, ya que se llevó a cabo en las oficinas del INE, en privado, sin la participación de externos.
Pero lo hecho, hecho está y mientras tanto no hay que olvidar que, “La experiencia es el soporte del conocimiento”.


































