Ilusión

Por Maru Lozano Carbonell

La ilusión… algo fundamental en la vida. ¿Quién no piensa que la esperanza es un motor de cambio para el crecimiento personal y social?

Pero ¿qué es la esperanza? Podría ser una expectativa positiva del futuro y también es como una fuerza que nos impulsa a seguir adelante; solo que no debe ser concebido como un anhelo pasivo sino como una disposición activa que nos grita: “¡responsabilízate de tu vida y comprométete con tu proceso de cambio!”.

Siempre que tengamos ánimo de cambiar, como en este inicio de año, la ilusión o esperanza es vital, es como la gasolina que necesitaremos para arrancar. Sobre todo, arrancar cuando el panorama pinta negativo y de repente nos sentimos atrapados en situaciones complicadas. La fe es lo que inicia una verdadera transformación.

¿Cómo empezar? Con la fe de la mano, reconoce y acepta que tienes ciertas emociones en este momento actual, así se baja la guardia y se vislumbran posibilidades en ese huequito de esperanza. Cuando nos damos cuenta o hacemos conscientes de lo que sentimos y cómo actuamos ante lo que nos pasa, se empiezan a identificar las acciones o ajustes que se podrían hacer para mejorar y eso es lo que convierte la esperanza pasiva en esperanza activa.

Recordemos que la esperanza se nutre de nuestra autenticidad, es decir, cuando somos honestos con esa reflexión interna, emergen las aspiraciones y deseos más profundos. ¡Es que tenemos la capacidad para crear el futuro! 

Este proceso requiere práctica y compromiso como: Practicar y enfocarte en el aquí y ahora aceptando las emociones sin juzgarlas para así poder gestionarlas, abriendo entonces el espacio angosto que angustiaba.

Imaginar escenarios futuros positivos sin duda es una herramienta poderosa para fomentar la esperanza. Visualizar metas alcanzadas o situaciones deseadas nos ayuda a mantenernos motivados. La mente crea lo que imagina.

Definir metas pequeñas, realistas y alcanzables generan un sentido de logro y motivación. Cada pasito logrado refuerza nuestra capacidad para crear cambios positivos.

Compartir nuestros sentimientos y esperanzas con amigos o grupos de apoyo es buenísimo y reconfortante. La conexión con otros nos recuerda que estamos acompañados en nuestro camino.

La esperanza ayuda a las personas a mantener una perspectiva positiva frente a los desafíos reduciendo la ansiedad y el estrés. Te ayuda a ser más resiliente. ¿Sabías que también la esperanza está estrechamente relacionada con el aumento de la autoestima? Es que al tener una visión positiva del futuro, las personas se sienten más seguras de sí mismas y de sus habilidades, lo que mejora su confianza y bienestar general.

¡Ojo! porque las personas desesperanzadas indican que puede asomarse la depresión porque no hay ilusión que contrarreste los sentimientos de desesperación.

La esperanza actúa como un motor motivacional, impulsando a las personas a trabajar hacia sus metas. Esta motivación no solo mejora el bienestar emocional, sino que también promueve comportamientos saludables. No se trata de escribir en un papelito las metas, sino de iniciar contestando tres preguntas cada día: ¿Qué no hice bien? ¿Qué sí hice bien? ¿Qué hubiera hecho diferente? De aquí parten las metas realistas, las de verdad, ¿te animas? Imagínate hacer esta mini reflexión diario, ¡qué buen cambio permanente! 

Espero que todos tengamos un inicio de año espectacular, lleno de esperanza y sobre todo, de amor. ¡Felicidades!