Por Maru Lozano Carbonell
Sobre todo en nuestra coqueta Tijuana, hay tantísimos negocios nobles, semillero de oportunidades, pero con los peores jefes. ¿Resistirán a largo plazo? Es que aplica perfectamente el “Principio de Peter”, del Dr. Laurence J. Peter que nos muestra en su libro de 1969: “Los empleados tienden a ascender hasta su nivel de incompetencia”.
Este principio afirma que la gente asciende en función de su desempeño y rendimiento en sus funciones actuales, pero no por ser idóneos para puestos superiores. Es que ¿cuántos asistentes trepan hasta llegar a Direcciones y ya ahí no resultan? Seamos realistas y observa a tu jefe, ¿lo admiras?, ¿quisieras ser como él o ella? Si la respuesta es no y todavía te preguntas por qué está en dicho puesto, entonces se trata del tipo de gente que fue promovida y peor, estancada en el estrés sin actualizarse.
Una gran cantidad de empleados capaces se encuentran trabajando en puestos que requieren habilidades diferentes, así que ¿sabes a dónde llevaría el barco? Exactamente a la ineficacia y frustración.
Si eres el dueño sí que te confundes porque te vas por la lealtad, el tiempo que le dedica esa persona fiel a tu empresa, a la confianza pero, en la medida que te demuestran competencia, le recompensas con ascenso. Lo malo es que podrías pasar por alto si posee las habilidades necesarias para el nuevo puesto. Imagínate un desarrollador de software que tiene talento para codificar pero ya si lo subes más, podría no dominar la gestión de equipos. Este tipo de desajustes haría que la productividad y la autoestima de tu empleado se vea mermada y en cadena, la de todos.
Empresarios, no se llenen de cabezas mal preparadas para cumplir altas responsabilidades porque el resto del personal empezará a volar. Las repercusiones del Principio de Peter van mucho más allá del rendimiento individual, pueden afectar la misión, visión y valores de la organización. Cuando los trabajadores alcanzan su nivel de incompetencia, muchas veces permanecen ahí por falta de comprensión de sus insuficiencias o porque su incompetencia en realidad no justifica el despido. Este anquilosamiento da lugar a la mediocridad y por supuesto a la no innovación, crecimiento y expansión del negocio.
Para suavizar los efectos de tener jefes poco aptos, ofrece formación específica que se ajuste a las aptitudes necesarias para las nuevas funciones, ya no te centres en las que hacía antes.
Antes de promocionar a la gente, evalúa a tus candidatos no solo por su rendimiento actual, sino por su potencial para futuras funciones como evaluación de habilidades interpersonales, de liderazgo y por supuesto, de comunicación asertiva.
Si tú querido lector, estás trabajando bajo tu nivel de incompetencia, actualízate y capacítate continuamente. Es triste ver las grandes empresas pero con personal frío, sin interés, desmotivados e incluso que ni al negocio mismo le entienden pero que, como es un negocio noble que da frutos, se puede dar el lujo de contar con jefes torpes.
Fomentar el autoconocimiento ayuda muchísimo para reconocer los límites. La inteligencia colectiva es un motor de crecimiento, así que rodéate de gente más inteligente que tú y experimenta los grandes beneficios de aprender más y mejor.
Que no se comprometa la calidad que tiene cada persona en su puesto de trabajo, ¡capacita y apuesta por su potencial con asertividad!


































