Sin esto nadie querría vivir

Por Maru Lozano Carbonell

“Sin amistad nadie querría vivir”, así le dijo Aristóteles a su hijo Nicómaco en el siglo IV a.C. También dijo que el amigo es ¡ser ese otro yo!

La etimología viene del latín amiantus: sin mancha, incorruptible amigo, y amigable, deriva del verbo amar. Todo esto se alimenta de la interacción.

Fíjate que en esa obra de Aristóteles “Ética para Nicómaco” escrita para su hijo hace dos mil trescientos cincuenta años dice que hay tres tipos de amistades: La movida por la diversión, la movida por algún interés y la verdadera.

No cabe duda que el amor es pura fuerza transformadora porque abarca todo tipo de conexiones. Entendamos sin tanta exigencia que una sola fuente de amor y amistad no es lo único que puede darse, tiene que haber afinidad e interés que no siempre se pueden conjugar las veinticuatro horas, los siete días de la semana, con todo el mundo. Simplemente saber que podemos construir desde el respeto de tiempo, lugar, espacio en medida auténtica, será suficiente para afianzar relaciones.

Solo que no podría darse ninguna relación si no comenzamos por el amor propio para de ahí poder pasar al amor fraternal, al familiar y por supuesto, desbordar en amistad. ¡Que la tecnología no enfríe las ganas de reunirse, de tener contacto verbal, físico y visual!

La amistad es un gran refugio en tiempos de dificultad, juega un papel crucial al momento de enfrentar dolor, así que estemos siempre comunicados con todo ese abanico de seres humanos frecuentando contacto.

En terapia humanista, se promueve el amor, la amistad y el trabajo no sólo como partes de la vida, sino como esencia que nos transforma, cura y eleva. Esto porque el amor nos ofrece empatía y conexión, la amistad nos da perspectiva, apoyo y gozo, el trabajo se convierte en la expresión de nuestro ser más profundo, y todo esto es lo que da sentido a la vida.

Cuando se va construyendo esta base de vida, se nos van abriendo caminos increíbles que nos ayudan a realizarnos, es decir, ¡alcanzamos la cima de la pirámide de la autoestima! Así que tiene sus grandes ventajas estar presentes en nuestros vínculos, más creativos en nuestro trabajo al producir y mucho más abiertos al amor en todas sus formas. 

Pero hay un elemento primordial para que todo lo anterior se dé y es la “libertad”. En el momento en que sentimos presión externa ahí es donde corremos. Pero, ¡cuidado!, porque si no le echamos ganas al amigo, al amor o al trabajo, todo esto muere.  

Siempre es bueno recordar que con amor, amistad y trabajo se vive más feliz y con menos estrés, se mejora nuestra confianza, del latín confidere que significa creer. ¡Nos volvemos creadores! Nos ayudan a sobrellevar traumas enriqueciendo nuestra vida y fomentando la salud.

Que este mes de febrero sea punta de lanza para que todo nuestro patrimonio sean amigos, esos que saquen lo mejor de uno mismo, porque es de las posesiones más valiosas, porque la amistad impide resbalar, porque es un regalo que nos damos, es una mente en varios cuerpos, y es como nos decía Sócrates: “La amistad ha de ser como el dinero, antes de necesitarla, se debería saber el valor que tiene”. ¡Feliz día de San Valentín!