Por Manuel Alejandro Flores
“Vamos a gobernar el país hasta que se pueda hacer una transición ordenada, propia. Queremos paz y justicia para la gente de Venezuela”. Donald Trump
No hay una sola arista desde la cual se pueda abordar el tema de Venezuela y los sucesos que se dieron el pasado 2 de enero por la madrugada. La única premisa que pienso debe estar en la mente y el corazón de todo el mundo es la de que les vaya bien a los venezolanos y puedan cumplir su misión histórica como país. El régimen instaurado por Chávez y secundado por Maduro los alejo de la prosperidad, de la tan manoseada felicidad que pregonan y del desarrollo. Venezuela se aisló sobre un flagelo poderoso que parte de una ideología que lo único que logra al ser implementada es multiplicar la pobreza material y espiritual de las personas.
La otra cara es la de la intrusión, la invasión y extracción del presidente Nicolás Maduro por parte de la mayor potencia del mundo, los Estados Unidos de América. Espías infiltrados en el gobierno, bombardeo con drones, cuerpos de élite entrando rápidamente a la capital y sacando como si nada al presidente de una república soberana e independiente y una supra estructura legal norteamericana que acusa a ese mismo presidente de terrorista y capo de las drogas en Latinoamérica. ¡Qué despliegue de poder! Y ¡Qué mensaje tan poderoso para todos los gobiernos de América! Basta con que el presidente Donald Trump tenga algún elemento para culpar a un mandatario de tráfico de drogas o asociación delictuosa con el crimen organizado para iniciar con un proceso como el que acabamos de ver en Venezuela. Como dice el dicho: “cuando veas las barbas del vecino cortar, pon las tuyas a remojar”.
Nicolás Maduro no es santo de mi devoción. Toda mi formación y pensamiento político me señala con claridad que personajes como ese no merecen gobernar un pueblo. Considero que, lejos de todas las normas internacionales que EUA pudo romper con esta extracción, Maduro no era un presidente legítimo de Venezuela por la vía democrática. Era un dictador que al igual que su antecesor habría de dejar la silla presidencial recostado en un ataúd y condenando a su pueblo a ser gobernado por quien él hubiera designado post-mortem. El costo de la libertad es la corresponsabilidad de la ciudadanía. No hay que olvidar que este régimen, iniciado por Hugo Chávez, llegó al poder por la vía democrática. Gradualmente fueron tomando medidas de gobierno que justificaban su reelección y permanencia en el poder. Hoy construyeron una clase política dominante y muy rica, contra una ciudadanía pobre y desempoderada, sometida por un régimen que domina al árbitro electoral, a los medios de comunicación y que se da el lujo de meter a la cárcel a los disidentes. Estas serían las razones correctas para que la comunidad internacional hubiese presionado por todos los medios posibles para la caída de este régimen autoritario y populista de izquierda. La gran mayoría, con algunas honrosas excepciones, prefirieron el silencio cómplice que la presión valiente.
Por el contrario, las razones de fondo parecen obedecer a los intereses geopolíticos del grandote de América y el mundo. Si bien, una buena parte de los venezolanos celebra la aprensión de Maduro y la aparente caída del régimen instaurado por casi 25 años, Delcy Rodríguez (Presidente en funciones con la caída de Maduro) y compañía no parecen muy convencidos de querer seguir el plan de gobierno que pudiera venir de parte de los Estados Unidos. Aunque en el “script”, lo mejor para los intereses de los americanos es encontrar esta resistencia que no agudice la idea de que ellos han impuesto a un presidente para Venezuela. El petróleo y la comercialización de este insumo a los chinos parecen ser la motivación principal de los norteamericanos. El liderazgo en toda América en lo político y económico también. La derecha avanza en nuestro continente derivado de los muy pobres resultados de la izquierda en el mundo y particularmente en LATAM. También creo que la única forma de acabar con el régimen chavista en Venezuela era tal y como ocurrió. Porque las movilizaciones sociales, las elecciones ni nada parecían lograr lo que en un operativo de 4 horas de impacto se logró.
Mis mejores deseos para el pueblo de Venezuela, el camino de reconciliación y paz para este país no será fácil, pero vale la pena vivirlo.


































