Tres valores importantes en la construcción del bien común

Por Manuel Alejandro Flores

“El mundo necesita empresarios y comunicadores honestos y valientes que cuiden el bien común. A veces se escucha decir: ‘Los negocios son los negocios’. En realidad, no es así”. León XIV

Reflexionar sobre el principio del Bien Común mueve muchas fibras en los corazones de quienes consideramos valioso contribuir en la sociedad con tiempo, dinero o talento. Según la Doctrina Social de la Iglesia Católica, el bien común es el conjunto de condiciones sociales que permiten a las personas y a los grupos alcanzar más plena y fácilmente su propia perfección. Esta definición está recogida en el Catecismo de la Iglesia Católica, n.°1906. Toma esta referencia por que me parece la más adecuada de cara a los acontecimientos que estamos viviendo en la realidad actual. Algunas reflexiones que creo que son importantes provocar están ligadas a la promoción y vivencia de tres valores que considero son clave y que le escuche con mucha claridad a un amigo empresario, ex presidente de Coparmex Nacional:

  1. Debemos preguntarnos, ¿qué mueve a la sociedad? Buscar datos duros que recojan el sentir de las personas y las familias para saber que es lo que realmente les preocupa como mexicanos. Algunas encuestas hablan de que la preocupación número uno de las familias mexicanas esta ligada a “llegar al final del mes”. Es decir, que el recurso que ingresan alcance para cerrar el mes sin contratiempos.
  2. Evitar las “cajas de resonancia” o “casa de los ecos”. Quienes estamos en el mundo académico, empresarial, comercial o profesional, tenemos esta tentación de solo escucharnos entre nosotros. Analizamos la realidad desde nuestra propia realidad, juzgamos y hacemos en cuanto a nuestras propias necesidades y nos cuesta escuchar a quienes piensan diferente o entienden la realidad e forma distinta. Este paso es, hoy más nunca, fundamental en la construcción del Bien Común.
  3. Entrando a los valores, el primero que pongo sobre la mesa es el de la GRATUIDAD. Entendida ésta como la implicación de hacer por otros el mismo beneficio que han hecho conmigo. No es solo regalar algo que sobra o dar tiempo de ayuda, es verdaderamente buscar que aquello que yo he recibido también otros lo puedan tener. Es un cambio de actitud hacia nuestros vecinos, amigos y personas vulnerables en nuestro entorno.
  4. El segundo es la MAGNANIMIDAD. Hay que pensar en grande. Con ánimo grande. Plantear proyectos que superen nuestras propias capacidades, convencernos de que podemos lograr proyectos de transformación social que beneficien a muchos y que construyan el bien. Pienso en el ánimo que movió a Don José Galicot en el proyecto de Tijuana Innovadora o en quienes por ejemplo desarrollaron la idea inicial del Cetys Universidad. Pensaron en grande y se pusieron a trabajar con gran ánimo para lograr sus sueños
  5. Y el tercero, pero no menos importante la ESPERANZA. La Iglesia Católica, por medio del Papa Francisco (+) dedicó este año a los jubileos de la esperanza. Políticos, educadores, médicos, empresarios han desfilado en la celebración del jubileo de la esperanza. Es importante que la virtud de la esperanza se conjuga con el verbo hacer. Espero tal cosa y trabajo para lograrlo, es decir, la esperanza es siempre activa en el logro de aquello que soñamos. Además, es una virtud que se contagia a nuestro alrededor. Que a pesar de que las condiciones actuales no son las mejores, podemos trabajar para que sean mejores. Que a pesar de que el mundo pareciera caminar hacia un abismo, podemos construir puentes que nos permitan cruzarlo. Estamos llamados a ser transmisores de esperanza.

El Bien Común implica salir de nosotros mismos para el encuentro con el otro. Pensar en la Casa Común que debemos construir y las futuras generaciones. Es la única apuesta segura que nos va a permitir transitar como sociedad a un futuro mejor.