Por Maru Lozano Carbonell
Sin duda, la infancia es la base del adulto que será mañana. Esto lo dice la chilena Carolina Pérez Stephens, autora del libro “Secuestrados por las pantallas”. Carolina, quien hizo Maestría en Educación en Harvard, nos platica en su libro cómo se afecta el cerebro y los peligros que causan adicción en niños y adolescentes.
Es que todos deberíamos leer sobre esto porque estamos enganchadísimos con los dispositivos. Carolina siempre dice que solo tenemos un cerebro y, como no existen los trasplantes de él, hay que cuidarlo; todo lo que ella dice lo fundamenta porque definitivamente es ciencia. Lo primero que hay que saber es que el cerebro solamente aprende a través de los cinco sentidos y ¡con las manos en la masa!
Tenemos que aceptar que todo lo que sale de las pantallas está diseñado para causar adicción en sus sonidos y frecuencias porque aumentan el ritmo cardíaco, el nivel de azúcar en la sangre y el nivel de placer desorbitado que hace que el niño o joven quiera estar muchísimas horas pegado al juego.
Súmale que los cerebros de nuestros hijos están en desarrollo y necesitan el contacto físico, la calidez de las miradas, las sonrisas y tanto más que si solo le damos la frialdad del dispositivo, sus cerebros no se están formando correctamente. Carolina habla de la ínsula, ¿sabes qué es? Es la parte del cerebro pequeñísima, encargada y responsable de la compasión y de la empatía. Ella le llama “la oficina de ser buena persona”.
El problema es que el estrés que causan las pantallas hace que se mueran las neuronas en la ínsula. ¿Sabías que la mayoría de los niños-pantalla pegan, son contestones, enojones, gritones sin control por esto?
Carolina dice que aún los doctores siguen investigando por qué se mueren las neuronas ahí, así que, mientras estamos en ese proceso, limitemos su uso por favor porque no es posible que eduquemos en la autorregulación en este sentido. Entendamos que no sirve decir cosas como: “Yo ya le dije a mi hijo que solo un rato… hicimos un trato y no subirá contenido inapropiado… etc.”. Y lo que necesitamos entender es que la corteza prefrontal, atrás de la frente, es el jefe del cerebro y ahí está la autorregulación. ¡Ojo! que hasta los veinticinco años se siguen conectando neuronas, o sea, hasta entonces puede pensar antes de hablar, planificar, etc. No soñemos que alguien en su niñez o adolescencia está en posibilidad de autocontrolarse porque ¡tiene un cerebro inmaduro!
Por eso, a nosotros los adultos nos toca repetir y repetir a nuestros chicos absolutamente siempre. Cuando por usar pantallas no le llega sangre a la corteza prefrontal, ya vimos que su cerebro no madura y simplemente no mide, entonces contesta sin pensar ni medir consecuencias. ¿Te imaginas los problemas sociales tan graves que enfrentaremos?
La dopamina nos da placer y nos hace repetir las cosas que nos gustan, por eso la labor de los educadores es esencial, pero competir con la adicción de las pantallas nos enfrenta a choques. Escuelas libres de celulares personales es lo ideal, no teléfonos inteligentes en la niñez ni redes en la adolescencia parecerían ser los antídotos para ayudar a nuestros chicos.
Hijos de menos de doce años, cero pantallas. Adolescentes, limitando porque no es “barra libre” no queremos dañar sus cerebros, ¿o sí?


































