Pone Branagh a prueba a Agatha Christie

Josh Gad y Johnny Depp son dos de los sospechosos en la cinta "Asesinato en el Expreso del Oriente". Foto: 20th Century Fox

Por Chema Castro III

El director Kenneth Branagh trae a la pantalla grande uno de sus sueños profesionales con Asesinato en el Expreso de Oriente (Murder on the Orient Express), aunque el estilo domina sobre la clásica historia.

Branagh encabeza un reparto de estrellas que lleva la popular novela de Agatha Christie al cine, por segunda ocasión, y toma con fervor el papel de Hercule Poirot, el más famoso investigador policiaco de inicio del siglo XX.

Desde la escena inicial se ve que Branagh quería no sólo dirigir esta nueva adaptación (la primera fue en 1974 con un elenco encabezado por Albert Finney) sino ser Poirot, con todos sus tics al máximo.

Y posiblemente ese sea el detractor ya que junto con el cinematógrafo Haris Zambarloukos (con quien trabajó antes en filmes como Cinderella y Thor) nos presenta un hermoso mundo pre Segunda Guerra Mundial a través de excepcionales tomas, pero el suspenso cae a segundo plano, al igual que la emoción.

La historia, adaptada por Michael Green de la novela, es una ya conocida: hay un asesinato durante un viaje de tres días en el afamado tren, y Poirot, quien ya iba en el transporte, acepta resolver el crimen antes de llegar a la siguiente estación.

Entre los sospechosos están: la religiosa Pilar Estravados (Penélope Cruz); la caza esposos Caroline Hubbard (Michelle Pfeiffer); la princesa Dragomiroff (Judi Dench) y su asistente Hildegarde Schmidt (Olivia Colman); el doctor austriaco Gerhard Hardman (Willem Defoe); la niñera Mary Debenham (Daisy Ridley), y el doctor Arbuthnot (Leslie Odom Jr.).

Además, el empresario estadounidense Edward Ratchett (Johnny Depp), con sus auxiliares Hector MacQueen (Josh Gad) y Edward Henry Masterman (Derek Jacobi); el latino Biniamino Márquez (Manuel García-Rulfo), así como el conde Rudolph Andrenyi (Sergei Polunin) y la condesa Elena Andrenyi (Lucy Boynton).

Pues entre ellos está el asesino y Poirot intenta, lentamente, descubrir quién es el culpable del crimen (no les diré quién es el fallecido, pues eso es parte del suspenso), porque cada uno tiene sus razones para querer fuera a la víctima.

Es interesante ver el desarrollo de las interrogaciones, especialmente si uno desconoce la novela o la versión fílmica anterior, y las actuaciones son buenas, pero todo ello queda en segundo plano al trabajo visual.

Branagh, como director, disfruta de aprovechar la amplitud reducida de trabajar en un tren, aunque los exteriores son una de las razones por lo cual el cine debe ser visto en pantalla grande y no en televisión.

Paréntesis para geeks de cine: Branagh emplea cámaras de 65mm para obtener la pantalla lo más ancha posible y juega mucho con las tomas, tanto cerradas como abiertas, para estirar sus posibilidades técnicas.

Al fin de cuentas depende de la paciencia de uno la apreciación que habrá por esta película, por un lado es una belleza técnica pero, por el otro, la historia empieza a ponerse lenta conforme avanza y el clímax cae algo leve.

Definitivamente estará en las lista de nominaciones para los premios técnicos de cine, pero no necesariamente en los del público que busca mayor suspenso y menos estilo.