Por Maru Lozano Carbonell
Podríamos referirnos al trabajo, al jefe, a la pareja, al amigo, incluso a la plataforma en redes sociales. No me gustó y como dijo mi mamá que siempre no, cortamos de tajo.
En realidad, la vida está repleta de percepciones y juicios, la imagen que diseñó nuestra mente, licuada junto con las creencias, valores, tradiciones, etc., hace que tengamos expectativas que poco se cumplen.
¡Qué decepción cuando se revela la autenticidad! Cuando flota lo que es, los colores, sonidos y sabores de la realidad, nos agrupamos con otros para reafirmar que uno está en lo correcto y el otro está mal.
Cuando algo no es lo que se creía, dejamos de crecer, nuestra imagen lo refleja y equivocamos el camino. Es que nos han educado a desarrollarnos encajando en ciertos moldes; ¡qué impactante es que las expectativas familiares, sociales y culturales juegan un papel crucial en nuestra construcción!
Por eso es muy importante que nos acerquemos a experiencias, interacciones y entornos buenos para la vida y, si somos papás, procurar que nuestros hijos tengan estas vivencias adecuadamente. Tenemos que volvernos cuidadosos de elegir ciertos momentos y personas para evitar malentendidos y decepciones que no coinciden con la percepción que se tenía. Aprendamos a comunicarnos dejando a un lado los juicios. Escuchemos activamente.
¡Aguas con las expectativas! Son bastante poderosas, ¡limitan o inspiran! Si por ejemplo un jefe tiene la idea preconcebida que eres muy trabajador y entusiasta, es posible que te esmeres en mantener esa imagen al punto de olvidar tus propias necesidades y, cuando truenes, te vuelves el raro de la historia que ha cambiado y se ha olvidado de ponerse la camiseta. Se puede incluso, distorsionar la auto-imagen, así que nuestra autoestima empieza a bajar.
Si constantemente intentamos cumplir con las expectativas de los demás, corremos el riesgo de perder de vista quiénes somos realmente. Este conflicto interno puede generar ansiedad, insatisfacción e incluso crisis existenciales. ¿Te suena familiar entonces por qué las depresiones?
Cuando finalmente nos damos cuenta que no somos la versión idealizada que otros han creado en su mente, podemos comenzar a reflexionar hacia la autenticidad. Este proceso implica despojarse de las capas de expectativas ajenas y enfrentarse a la verdad sobre uno mismo: nuestras pasiones, miedos y deseos genuinos. De hecho, aceptar que no eres lo que se creía, ¡es liberador y transformador!
Cuando mostramos nuestra verdadera esencia al mundo, creamos conexiones más profundas y significativas. Para esto comienza por hacer una reflexión personal, mantén una comunicación abierta con aquellos seres queridos que puedan proporcionarte contención y buenos consejos, acepta que la autenticidad no significa ser perfecto, practica cosas que te gusten genuinamente y rodéate de personas sinceras que fomenten tu crecimiento personal.
El filósofo y escritor de nacionalidad francesa Emmanuel Lévinas, ofrece una visión ética del “otro”, donde el encuentro es fundamental para el entendimiento de uno mismo. Para él, el otro no es solo un espejo en el cual nos reflejamos, sino una entidad que desafía y redefine nuestra identidad. Su enfoque invita a considerar cómo nuestras relaciones con los demás moldean nuestra autopercepción, sugiriendo que lo que creemos saber sobre nosotros mismos puede estar influenciado por las expectativas ajenas.
¿Ya te diste cuenta entonces de quiénes te rodeas?


































