La extraordinaria vida de Kingo Nonaka

Daniel Salinas con una imagen de Kingo Nonaka, personaje que retrata en su nuevo libro, "El Samurái de la Graflex", editado por el Fondo de Cultura Económica. Fotografía: Hugo Fernández Sánchez

Por Hugo Fernández Sánchez

Tijuana.- Recuerda Daniel Salinas Basave que en 2010, el historiador y entonces director del Archivo Histórico de Tijuana, Gabriel Rivera Delgado, le presentó a Genaro Nonaka.

Hijo del fotógrafo japonés Kingo Nonaka, Don Genaro habló de historias de su padre que el escritor bajacaliforniano desconocía por completo.

“La primera gran foto panorámica que se tomó, la de 1924, todas las fotos de la vida civil, es decir más allá de lo turístico, más allá de la Revolución, pues son de él. Y yo sabía de eso”, comenta Daniel Salinas. “Pero no sabía lo que había atrás del personaje”.

Un joven hombre que dejó su natal Japón de adolescente para probar suerte en tierras mexicanas, Que se convirtió en enfermero, curó a Francisco I. Madero y fue llamado por Pancho Villa para que lo acompañara en las batallas. Que se nacionalizó mexicano y se casó con una mexicana, pero durante la Segunda Guerra Mundial recibió trato de espía japonés. Que fue parte del equipo fundador del Instituto Nacional de Cardiología y finalmente, a los casi 80 años de edad, fue oficialmente reconocido como veterano de guerra en México.

“Me dijo, nadie sabe que él sacó (al gatillero de Pancho Villa) Rodolfo Fierro de la laguna de Casas Grandes, donde se ahogó. Él había sido buzo en Japón, buscador de perlas y sabía bucear. Pancho Villa le hizo ese encargo personalmente. Nadie sabe que él curó la herida de Francisco I. Madero  en la batalla de Casas Grandes y que él escoltó a Lázaro Cárdenas, aquí en su primera visita a Baja California. Y escondió a 50 prófugos villistas cuando estaba la expedición punitiva de Estados Unidos”, explicó Salinas Basave.

“Me empecé a familiarizar un poco, publiqué en aquel entonces algunas en mi columna en Infobaja (Los Mitos del Bicentenario) y de otra forma decía, ‘Bueno, es que este hecho lo tengo que contar, lo tengo que contar alguna vez, hacer algo grande’. Pero bueno (ríe), mi cabeza está llena de historias, de proyectos que están en sala de espera”.

Casi diez años después, el Fondo de Cultura Económico publica este mes “El Samurái de la Gráflex”, libro que será presentado en Tijuana este noviembre y en el que Salinas Baasave tuvo que crear un híbrido en el que combinó la biografía con la novela.

Japonés revolucionario

Aunque la inquietud la traía consigo desde que conoció a Genaro Nonaka, el despegue de la carrera de Daniel Salinas como escritor no le dejó mucho tiempo para un proyecto de esta magnitud.

“Cuando empezó 2017 fue propósito de Año Nuevo, que dije, ‘no pues ya voy a empezar, ahora sí manos a la obra’. Y le hablé a Don Genaro Nonaka, y le dije, ‘no, pues sabe qué, necesito reunirme con usted, vamos a platicar, pero a platicar en serio’”, relató. Ya había elaborado otras biografías y sabía que serían entrevistas exhaustivas.

Kingo Nonaka nació en Japón, en diciembre de 1889, el mismo año que ahora se reconoce como el de la fundación de Tijuana.

Japón había sido un país hermético, cerrado a toda influencia extranjera, lo cual comenzó a cambiar a mediados del siglo XIX. En 1874, por cuestiones científicas, se da el primer contacto oficial diplomático entre México y Japón, recordó Salinas Basave, lo que culminó poco más de una década después en la celebración del primer tratado de colaboración y amistad entre los dos países.

“Incluía el libre tránsito y la libre migración de trabajadores japoneses o mexicanos”, señaló el escritor. Una ola de ciudadanos japonenses llegó a México desde finales del siglo XIX y a inicios del siglo XX, entre ellos un joven Kingo Nonaka.

En 1906, a los 17 años de edad, se embarcó con su hermano mayor y un tío rumbo a México. Su hermano enfermó y tuvo que abandonar la travesía; su tío murió al poco tiempo de haber llegado a Oaxaca, víctima de paludismo.

“A dos semanas de haber llegado a México, Kingo está solo en un país que desconoce, en una lengua que desconoce, sin dinero, hablando solo japonés, con 17 años, y pues no sabe qué hacer”, platicó el autor.

Como pudo y junto con otros japoneses, recorre México hasta llegar a Ciudad Juárez, frontera a la que llegó desnutrido. Una enfermera se apiada de él, lo atiende, lo adopta y lo bautiza como José Genardo Kingo Nonaka.

El japonés aprendió el oficio de enfermería y así, al estallar la Revolución Mexicana, fortuitamente se topa primero con un Francisco I. Madero, a quien atiende de una herida.

Tras el asesinato de Madero, es Pancho Villa quien lo manda llamar para que sea su jefe de enfermeros, labor que desempeñó entre 1913 y 1914.

Pionero de la fotografía

Poco después, ya casado y con familia, Nonaka llega a Mexicali para laborar como gambusino, antes de llegar a Tijuana, poblado en el que finalmente se estableció.

Fue en Tijuana donde, luego de comprarse una cámara Graflex en San Diego, comienza a probar suerte como fotógrafo. Tenía que llevar los rollos a revelar a la ciudad californiana, hasta que reparó en la ventana de oportunidad que tenía al frente y decidió aprender a hacerlo él mismo para ofrecer el servicio en Tijuana.

“Funda La Moderna, que es el primer estudio de fotografía (en Tijuana), Estudio Nonaka, en F. Martínez, calle 2da. Se puede decir que la primera fotografía revelada en Tijuana fue suya, el primer estudio propiamente y el primer que empieza a tomar fotos de la vida civil de Tijuana”.

En su estudio, Nonaka fotografiaba a las familias tijuanenses; en la ciudad, capturaba imágenes de juegos de beisbol, desfiles, asambleas y todo tipo de actividades.

Al estallar la Segunda Guerra Mundial y tras el ataque nipón a Pearl Harbor en 1941, Estados Unidos presionó a México para que retirara a todo nativo japonés de la frontera, pues temían que fueran parte de algún ataque a la base naval en San Diego.

“Nonaka, siendo mexicano, siendo ya nacionalizado legalmente mexicano, con hijos mexicanos, con una esposa mexicana, va el Ejército Mexicano y lo saca de su casa. En 1942, lo llevan detenido… a un centro de reclusión, que era casi un campo de concentración, en Morelos, en donde van a confinar a todos los ciudadanos japoneses”, señaló el escritor.

“Eso es algo que a él le hiere mucho, le duele mucho”. La Segunda Guerra Mundial finalizó en 1945, pero Kingo Nonaka no regresó más a Tijuana.

En el proceso, se perdió su archivo fotográfico. Parte del mismo se recuperado décadas más tarde, cuando cajas repletas de sus fotografías fueron encontradas en un mercado sobre ruedas. “Estamos hablando de que el grueso del archivo se recuperó hasta 2012”, explicó Salinas Basave.

«El Samurái de la Graflex», de Daniel Salinas Basave, salió a la venta este mes de octubre. Fotografía: Cortesía

El más sorprendido

El Fondo de Cultura Económica contactó a Daniel Salinas Basave con la idea de hacer una reedición de su libro “Juglares del Bordo”, editado por una editorial argentina pero sin publicación aún en México. No obstante, al conocer que trabajaba en la historia de Nonaka, le pidieron que les enviara el manuscrito.

Paco Ignacio Taibo II, el escritor que ahora en la administración de Andrés Manuel López Obrador se desempeña como director del Fondo de Cultura Económica, se comunicó con Salinas Basave y le dijo que querían publicar primero “El Samurái de la Graflex” y más adelante reeditarían “Juglares del Bordo”.

Esto fue en el verano de este 2019. Hace unas semanas le informaron que el libro ya había salido de la imprenta y que lo presentarían el 20 de octubre en Monterrey.

“La verdad de las cosas yo fui el más sorprendido”, reconoció Salinas, quien de hecho nació en Monterrey.

Está programada una presentación en el Cecut (Centro Cultural Tijuana) para el viernes 9 de noviembre, con una más al día siguiente en el Antiguo Palacio Municipal, “que es un lugar muy significativo porque pues ahí pasó muchas tardes Kingo Nonaka y es un lugar que fotografió muchas veces”, señaló.

Sobre el libro, Salinas Basave explicó que no es una biografía en el sentido histográfico de la palabra. “Tiene hemeroteca, tiene documento y todo pero no estoy usurpando la función de un historiador. Tampoco es propiamente una novela. Yo le podría llamar quizá biografía novelada”, dijo.

“Son varias vidas en una y no sé si estuve a la altura”, añadió. “Espero que pueda ser punto de partida para que se cuente aún más esta historia”.