Por Maru Lozano Carbonell
Cuando te hacen invisible por supuesto que es una agresión psicológica, esa indiferencia que aísla emocional y físicamente es terrible porque te quieren desconectar y ponerte al borde del vacío que se sufre. Esto lo podemos ver en todos lados, casa, empresa, escuela, en relaciones de amistad y hasta en el gobierno.
¿Habías detectado la indiferencia porque no hay comunicación, te evitan y se crea un vacío intencionalmente descarado? Cuánto dolor causa esto en niños, adolescentes, adultos, ancianos y nada que seamos resilientes, esa fiebre del alma solo la cura la presencia, atención y amor de alguien.
Ninguna persona quiere y puede vivir siendo invisible o sintiendo que no causamos interés, preocupación, ni emoción alguna y de las palabras más traumáticas: indiferencia. De más está decir que necesitamos pertenencia grupal para sobrevivir, porque es interactuando, comunicándonos, siendo aceptados y apreciados que nos podemos incluir y existir. Quien forma su autoestima con bases sólidas, puede saber qué identidad esculpir. Por el contrario, quien es invisible genera tristeza, ansiedad y estrés porque no se puede ver ni escuchar a través de nadie del entorno que le interesa.
Todos en esta vida necesitamos ánimo, ser recibidos para generar agradecimiento, anhelamos expresiones de bienvenida, ansiamos sonrisas y emociones positivas, es que ¡nada más reconfortante que la compasión!
Nadie funciona bajo el estado de invisibilidad. Una persona que es ignorada se va a confundir y bajo esa confusión cometerá mil errores porque se destruye su motor básico de conciencia humana que es “acción y reacción”. Si yo actúo genero una reacción en los demás, pero si hay indiferencia que hiela, es muy posible que el que sufre se hunda y viva angustiado constantemente. Recordemos que la angustia ¡angosta! y hay mil remates finales que no son sanos ni lindos.
Todos necesitamos validación para desarrollar la personalidad, no barreras. Si se están construyendo barreras, ya el que fue objeto de indiferencia está agotado física y emocionalmente por lo que será importante no intentar derribar muros sino buscar puertas de salida y entrada a otros sitios.
Nadie merece vivir sintiéndose insignificante y es importante saber que la indiferencia es una forma de “abuso”. Haz que se escuche tu opinión y únete a grupos donde te valoren. Cambiar de foco para ver una nueva perspectiva y así puedas promover tu crecimiento.
Busca apoyo con un terapeuta humanista para que, con acompañamiento de expertos, puedas salir adelante. No dependas de lo que otros hagan o no hagan contigo, empieza regalándote la posibilidad de invertir en tu corazón a la par de unirte a un grupo de tu comunidad como Iglesia, alguna Fundación, etc. Recuerda que sanar y superar la indiferencia y la ley del hielo puede llevar tiempo y esfuerzo.
Es importante ser paciente contigo mismo. Paciencia es paz, busca espacios y situaciones de paz para ti.
Moverte tú a favor tuyo es lo mejor que puedes hacer. Pequeños pasos, ¡verás qué presencia tienes! Ya nos lo decía el escritor británico Gilbert Keith Chesterton: “La imparcialidad es un nombre pomposo para la indiferencia, que es un nombre elegante para la ignorancia”. Infórmate y empieza por ser visible para ti mismo porque, en lugar de buscar rastros de afecto de misma fuente que genera tu tristeza, hay huella a un lado que puedes comenzar a seguir.


































