¿Hacia dónde se va tu mente?

Por Maru Lozano Carbonell

Este 24 de enero, celebramos el Día Internacional de la Educación. Al pensar en la palabra Educación ¿hacia dónde se va tu mente?

Depende quién seas, si eres el padre de familia que sostiene las colegiaturas, pues a los resultados, que tus hijos sepan hablar inglés, que sepan dominar lo esencial pero a un gran nivel que le permita entrar a una secundaria, prepa o universidad deseada. Que su carácter y valores estén bien fincados. 

Si eres el alumno, piensas en que faltan maneras para hacer que tu corazón brinque de alegría al mismo tiempo que aprendes, que no haya tortura, que haya calidad y que puedas hacer las cosas que te plantean. Esperas tener buenos amigos y maestros que te impulsen.

Si eres el docente, piensas en la extremada carga administrativa, académica y emocional que habrá. Se sabe que hay que dar gusto a directivos, alumnos, papás, compañeros… ¡Es una vocación hermosa pero agotadora!

Si eres el administrativo, lo que se quiere es que haya matrícula, prestigio y resultados palpables. 

Si eres el directivo, apenas tienes tiempo de enfocarte porque vas capoteando inconvenientes, recursos materiales, inclemencias del tiempo, quejas de papás, presión por parte de los dueños, conducta de alumnos, fallas de maestros, inspección escolar, etc.

¿A quién se le ve más agobiado? ¡Al directivo! La experta en Educación, la argentina Laura Lewin, enfatiza que un directivo debe tener una misión clara y una visión del futuro de la institución. Esto es fundamental para guiar a su equipo hacia un objetivo común, similar a una tripulación de barco que necesita un destino claro para navegar.  

Los directivos deben ser resilientes y capaces de mantenerse centrados a pesar de las tormentas que puedan enfrentar. Esto no se exige a los docentes, esto se modela.  

No es conveniente que los directores platiquen sus preocupaciones y debilidades, ni mucho menos, esparcir información ajena.

Las relaciones y la conexión emocional con el equipo son vitales. Laura Lewin sostiene que el liderazgo se basa en la construcción de vínculos sólidos, lo que permite que los docentes se sientan parte del proyecto educativo. Sucede que si nada más se dan instrucciones sin escuchar a su comunidad escolar, ni platicar el “para qué”, difícilmente habrá conectado, por lo que surge una gran apatía.

Aunque el directivo no debe ser el único responsable de motivar a su equipo, sí debe crear un ambiente que fomente la motivación intrínseca entre los docentes. Esto incluye generar condiciones propicias para el aprendizaje y la colaboración.

Aprender a delegar tareas y confiar en el equipo es fundamental para evitar el agotamiento del directivo. Laura Lewin enfatiza que un buen líder debe permitir que su equipo tome decisiones y se autogestione, lo cual es esencial para el desarrollo profesional de los docentes.

Un enfoque colaborativo en la gestión es clave. Lewin aboga por un liderazgo donde se involucre a todos los miembros del equipo en la toma de decisiones, lo que mejora el compromiso y la efectividad del trabajo.

La empatía y el equilibrio emocional son considerados fundamentales para ejercer el rol directivo, ya que ayudan a crear un clima institucional seguro y positivo.

¿Tienes un director que cultiva un ambiente en donde cada miembro del equipo pueda brillar? ¿Inspira? ¿Escucha? ¿Está comprometido con el aprendizaje? ¿Es íntegro y ético? ¿Motiva? ¿Ya preguntó qué se necesita?