Día mundial contra el abuso sexual infantil

Por Maru Lozano Carbonell

Cada diecinueve de noviembre debemos enfatizar en este tema tan delicado, tema que marca la vida de los menores que son abusados.

El menor guarda silencio porque no entiende lo que le ha sucedido, usualmente el agresor es conocido, así que la confusión de pensar que es juego o interacción normal, hace que el desagrado se quede en el fondo de su corazón. Ya si el abuso se concreta y, por supuesto, hay dolor, el menor sentirá culpa.  

El miedo que siente a las represalias e incluso ser causante de un problema familiar si revela lo que le pasó, hace que también se calle y sufra en silencio.

Si notas que tu hijo o hija presenta ansiedad, depresión o estrés, maneja el diálogo de la mano de un experto. Te recomiendo a Norma Torres Ponce que dirige la “Asociación Ámate y Cuídate”.

La falta de confianza y problemas para establecer relaciones saludables pueden surgir debido al trauma sufrido. También algunos menores pueden desarrollar conductas autodestructivas o involucrarse en relaciones abusivas en el futuro si no reciben el apoyo adecuado.

Es impactante saber que a nivel nacional, Baja California ocupa el primer lugar de personas abusadas sexualmente según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Enseñemos a las hijas e hijos a proteger su cuerpo para que sepan identificar un abuso.

De acuerdo a la madurez del menor, debemos enseñarle a identificar los comportamientos inapropiados de los más grandes para que sepan cuándo hay peligro y sobre todo, se sientan seguros de contar sus experiencias. Es primordial escuchar sin juzgar y buscar ayuda profesional.

No hay que forzar al menor a dar un beso o dejarse abrazar si no lo desea, valida sus sensaciones y no le incomodes, al contrario, respétalo y apóyalo si dice “no” aunque se trate del abuelo, del tío, la tía, etc. No se trata de ser “bien educado”, se trata de no normalizar el contacto físico si el niño o niña no lo desea.  

Enseñar a los hijos que el cuerpo tiene partes privadas y que esas partes no se tocan ni enseñan a nadie. Que no es normal ni debe ser, si alguien quiere sobrepasarse, que lo comunique a sus papás inmediatamente porque no está bien por parte de ese adulto.

El abusador no se mete con niños que hablan fuerte y claro, así que démosle herramientas de poder comunicativo a nuestros chicos.  

Nuestra cultura debe cambiar y preguntar al menor cómo se siente si alguien lo saluda, lo abraza, le da un beso, etc. Si está incómodo, decirle que entonces salude y se despide verbalmente con un beso volador y listo. Apoyemos para que no se metan con él o ella.

Confiemos que los niños saben cuándo la vibra es mala, apoyemos, ¡pongámonos de su lado! Hay dos indicadores que debemos atender: los físicos y los conductuales. Si el niño dice que le arde o duele al ir al baño, por ejemplo.

Que a través del juego el niño presente o escenifique situaciones sexuales, que esté rebelde, que tenga pesadillas, que se haga pipí en la cama, que ya no sea tan alegre o bien, que haya cambiado académicamente en la escuela.

No permitamos que ningún adulto se refiera al físico de nuestros hijos y ayudemos poniendo límites a quien sea que se meta de más.