Por Adriana Zapién y Valente García de Quevedo
En esta ocasión quiero compartirles una travesía por el mundo de los vinos de Portugal, un país pequeño pero fascinante que forma parte de la Península Ibérica. Aunque España y Portugal son como hermanas que han seguido caminos diferentes debido a antiguas guerras y conflictos, ambas naciones comparten una riqueza cultural y gastronómica que merece ser explorada.
En 2018 Adriana y yo visitamos por primera vez Portugal y nos preguntamos cómo fue que no decidimos hacerlo antes. La gastronomía es un deleite, con el bacalao es protagonista, este pescado blanco del Atlántico es tan relevante para la cocina portuguesa que se dice que existen 365 recetas diferentes, una para cada día del año, esta tradición culinaria se relaciona con su vocación de grandes navegantes desde la Edad Media.
Los Pasteles de Belén (Pasteis de Belém) se convierten en una adicción y de los vinos, que han sido siempre el mejor aliado para acompañar los platillos de su deliciosa comida, es de lo que les hablaré hoy.
Antes les diré que su gente es amable y franca, con una melancolía característica que se percibe, por ejemplo, al escuchar un Fado en Lisboa, ese canto popular portugués que en 2011 entró a la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la Unesco, lo decimos siempre con respeto, pero ni a Adriana ni a mí nos gusta, pero para Portugal es un imperdible cuando visitas Lisboa, así que si van a Portugal visiten una casa de Fado.
La historia de Portugal es extensa y muy interesante, sus antiguos pobladores fueron fenicios, celtas, y posteriormente, los romanos que fundaron la región conocida como Lusitania, de ahí que a los portugueses se les diga lusos.
La cultura vinícola ha estado presente desde tiempos remotos y se ha consolidado a lo largo de los siglos. El país tiene una extensión de aproximadamente 500 kilómetros de largo por 200 kilómetros de ancho en su punto más extenso y ofrece condiciones ideales para el cultivo y producción de vinos de diversos estilos: blancos, rosados, tintos, espumosos y fortificados.
El clima varía desde el Atlántico húmedo hasta el continental, lo que favorece la diversidad enológica. El territorio portugués alberga alrededor de 200 variedades de uvas, muchas exclusivas de la región, la más importante es la “Touriga Nacional”, originaria de Dao, reconocida por su prestigio en la elaboración de vinos tintos tranquilos y fortificados, como el famoso Vino de Oporto.
La región de Oporto es, quizás, la más reconocida en el mundo vinícola. Fue la primera zona delimitada oficialmente en 1756 por el Marqués de Pombal, quien valoró su riqueza tras el gran terremoto de Lisboa y la necesidad de reconstrucción. Aquí nacen los famosos Oporto Vintage, vinos de altísima calidad que requieren ser embotellados para alcanzar su máximo potencial y que pueden alcanzar precios exorbitantes gracias a su bien fundada reputación.
Portugal ofrece una amplia gama de vinos más allá de Oporto: los frescos y sencillos Vihnos Verdes, los Douro interesantes y sin fortificar, los Dao de gran personalidad, los espumosos de Bairrada que están captando la atención internacional, y los vinos modernos e innovadores de Alentejo. La diversidad es una constante en la viticultura portuguesa. No podemos dejar de mencionar los vinos de Madeira, provenientes de una isla en medio del Atlántico. Estos vinos son conocidos por su resistencia, ya que en su elaboración se someten a procesos de calentamiento y oxidación prolongada, lo que desafía los conceptos tradicionales y les confiere siglos de experiencia y tradición.



































