Derechos y deberes humanos

Por Maru Lozano Carbonell

Cada diez de diciembre celebramos y recordamos los derechos que todos como seres humanos tenemos sin importar raza, sexo, nacionalidad, lengua, religión, origen o cualquier otra condición.

Por supuesto que todos tenemos derecho a la vida, a la libertad, a educarnos, a trabajar, entre otros, sin discriminación alguna.

¿Hay en Tijuana quién nos defienda en esta cuestión? Sí, está la CNDH, Comisión Nacional de Derechos Humanos, que nos protege. Solo basta con presentar tu queja si es que una autoridad tiene conductas ilícitas hacia nosotros. Recordemos que la CNDH está para todas las personas que consideran que sus derechos han sido violentados.

Si no se enteran, no te apoyan. Pero y ¿los deberes? Muchos derechos humanos pero también están los deberes y responsabilidades. Está de moda acusar, señalar, hacerse la víctima, sin embargo, es muy importante hacer consciencia de la propia conducta.

Tenemos que trabajar en la construcción de nuestros deseos. Hoy día, con la educación permisiva, se tiene el problema del desequilibrio entre el derecho y el deber.

Nuestros niños y adolescentes viven en un exceso de futuro. Papás y educadores, hay que liberar un poco la agenda de los hijos, permitir que se aburran, sobre todo los primeros años de vida porque es desde ahí donde edifican su personalidad. Los niños deben contar con tiempo libre para jugar y así desarrollar su autonomía en el campo más seguro que es contigo. El aburrimiento es la cuna de la exploración, deja que ellos gestionen y se auto-dirijan; no les des todo hechecito.

De los cero a los siete años, el adulto es cien por ciento responsable del menor. Tienen derecho a recibir tu guía, cuidados y atención. De los ocho a los catorce años, ellos tienen el veinticinco por ciento de la responsabilidad y tú como adulto el setenta y cinco por ciento. ¿Te das cuenta? No los abandones a su suerte, dirige sus pasos, monitorea su avance, ¡se está formando aún! Valida su forma de pensar pero toma el volante tú.

De los quince a los diecisiete años, la responsabilidad es del cincuenta por ciento y el otro cincuenta del adulto que le acompaña. Ahí se empieza a negociar los derechos, pero los deberes, los tiempos, las expectativas de ambos, etc. Hacer consciencia que el cincuenta por ciento de los actos tienen su consecuencia y ellos la deberán asumir, pero papás y maestros, la otra mitad nos toca a nosotros ¡eh!

De los dieciocho a los veintiún años, ellos tienen el setenta y cinco por ciento y tú solo el veinticinco. Es decir, ubica la edad universitaria.

Pero, a partir de los veintiún años, cada persona completamente sana y pleno uso de sus facultades, tiene el cien por ciento responsabilidad de sí mismo. Su cerebro ya terminó de formarse, ya debe procurar su ser en todos sentidos y no por eso lo dejamos de acompañar, pero eso, acompañar desde la bondad y empatía.

Es importante compartir estas etapas con los hijos, darles a conocer en qué etapa están y así lograr un andamiaje que sostendrá su estructura cuando de adulto se vaya al trabajo, a formar una familia, una comunidad, etc., consciente de que tiene deberes y que también están los derechos humanos que debe procurar en él mismo y en los demás. ¿Te imaginas la calidad de personas que estaríamos formando entonces?