
Por Hugo Fernández Sánchez
Tijuana.- Ricardo’s, uno de los restaurantes icónicos de Tijuana, está de fiesta con la celebración de sus 60 años. El martes pasado abrieron un local en Zona Río, y posiblemente antes de que termine el 2025 lanzarán un libro con la historia de sus fundadores, Ricardo y Delia Martínez, recopilado y trabajado por el historiador Andrés Waldo Espinoza.
Como tantas otras en Tijuana, la historia de Ricardo’s inicia con gente que llegó de otros lugares en busca de una oportunidad en la frontera, y al encontrarla, tuvieron la visión y el valor de tomarla.
Ricardo Martínez Apodaca platicó sobre los inicios de Ricardo’s y la transformación de lo que dice fue “un changarrito de 70 metros” a una empresa familiar que sigue creciendo décadas después.
El empresario gastronómico explicó que a mediados de los años 50 a su padre, Ricardo Martínez Meza, y su madre Delia, les dijeron que había trabajo en “el norte”, por lo que optaron por dejar Mazatlán para probar suerte por estos rumbos.
“Se vinieron a la aventura a Tijuana. Ya se había venido un hermano de su papá, Enrique Martínez –en paz descanse también- y él fue el que se lo trajo”, relató Ricardo Martínez Apodaca sobre sus padres “Mi papá venía con miras de cruzarse a Estados Unidos, a trabajar. Mi tío ya estaba trabajando en Estados Unidos, ya le había conseguido chamba a mi tío a mi papá en Estados Unidos”.
No obstante, Martínez Meza rápidamente encontró empleo en Tijuana y decidió quedarse de este lado. Comenzó como ayudante de un reparador de sinfonolas, las también llamadas “rocolas” que eran parte de los restaurantes y bares de la época y en las que con una moneda (en dólar, por supuesto), el comensal podía seleccionar una canción de entre las decenas de discos de acetato.

Todo comenzó con El Gallo
Martínez Meza pronto subió a técnico en reparación de sinfonolas y, de esta forma, conoció a gente del gremio gastronómico, de bares y de cantinas.
“Donde había rocolas, ahí estaba mi papá”, dijo Martínez Apocada. Uno de esos nuevos conocidos tenía un pequeño local sobre la avenida Madero con todo listo para abrir un restaurante, El Gallo, pero sin el tiempo para poder operarlo. Se lo ofreció por 600 dólares, que Martínez Meza negoció para cubrirlo en abonos mensuales. Y fue entonces que Delia Martínez tomó las riendas del nuevo negocio.
“Le firmó documentos mi papá y le preguntó a mi mamá, ‘Oye vieja, fíjate que me están ofreciendo este negocio, échame la mano, para no dejar yo mi chamba de las sinfonolas’. (Entonces) ella empezó a trabajar ahí”, señaló.
Esto fue en 1965 y ni Ricardo ni Delia Martínez sabían cómo operar un establecimiento de comida. Pero ella cocinaba bien, y se llevó a una vecina para que le ayudara con la operación. El nombre de El Gallo solo se mantuvo por unos meses, pues al poco tiempo cambiaron a Tortas Ricardo.
En aquellos años el auge eran las tortas y en el pequeño local, de poco menos de 70 metros cuadrados, ofrecían tortas, caldo de res y comida corrida. En la esquina de Madero y 7ma, donde actualmente se localiza una plaza comercial, estaba una gasolinera, y el tráfico de quienes acudían a cargar ayudó también a que más gente conociera el nuevo establecimiento.
Sin embargo, el montar un lugar exitoso implica sacrificios. Especialmente en los primeros años, indicó Martínez Apocada, su mamá tenía que trabajar turnos de 16 horas. “Ella abría y cerraba”, dijo. “Yo tenía cinco años cuando ellos ya estaban incursionando en el tema gastronómico”.
Para que estuvieran atendidos, Martínez Apodaca y sus hermanos vivieron en casa de su abuela materna. “Mi mamá nos veía una o dos veces a la semana. Imagínate lo que trabajaba. Cuando lograba descansar pues iba y nos veía, y nos daba la vuelta; Igualmente pues mantenía la situación de la casa. No había manera de hacerlo diferente: Era así o trabajar un turno y ser empleado toda la vida”.
El negocio empezó a dar frutos. “Mi papá llegó un momento en que dijo, ‘oye, pues el restorán sí está dejando, puedo dejar mi chamba, para ayudarle cien por ciento a mi mujer en las compras, y en esto y en lo otro’. Y dejó la chamba y se metió al restorán”.
Fue tal el éxito de Tortas Ricardo que había que expandirse. Adquirieron el local de la esquina con 7ma, en el que estaba una tienda de abarrotes, y es ahí donde actualmente está localizado Ricardo’s de la Zona Centro.
“Remodeló mi papá el mercado y fue como nos quedamos en la esquina. Y luego nos hicimos para atrás, o sea, de estar en 70 metros, ahorita tenemos de construcción más de mil, entre restaurantes, estacionamiento, almacén, oficinas. Estamos haciendo un comisariato”, contó Martínez Apodaca.

Más allá de las tortas
Ricardo y Delia Martínez llevaron con éxito el negocio y cuando sus hijos empezaron a crecer, entraron al restaurante. Esto, sin descuidar sus estudios.
Aunque como todo adolescente lo que quería era salir a divertirse, Apocada Martínez tuvo también que aprender a manejar la caja registradora, “y las mesas, a limpiar mesas, y a ayudar en la cocina, de adolescente (con) turnos de tortero”, dijo. “Nos educaron de una forma que valoramos el trabajo y el dinero que ganábamos para poder salir”.
Aunque siguió sus estudios universitarios en Cetys, Apocada Martínez se integró también con el negocio familiar. Y fue una época de crecimiento y expansión para el restaurante.
“Llegó un momento en que mi papá dijo, ‘vamos a ampliar el menú’. Se amplió con desayunos, con antojitos mexicanos. En los 90s lo ampliamos un poquito más: cortes de carne, mariscos, pescados, el menudo que nos ha hecho famosísimos”, resaltó. “Y esa ampliación de menú nos hizo lo que somos ahora”.
También trajo esto un pequeño cambio en el nombre del lugar. Ricardo Martínez Meza consideró que cambiar a “una cafetería más ordenada y más en forma” les distinguiría de los otros establecimientos de tortas. Y de Tortas Ricardo, pasó a simplemente Ricardo’s.
Buscaron la expansión y abrieron otros locales, incluso en otras ciudades, como Mexicali, y cerraron algunos. “Mi papá tenía una política que decía, ‘Vaca que no dé leche, al rastro’: Hay que abrir en tiempo y cerrar en tiempo si no es negocio”, explicó Martínez Apodaca.
Actualmente Ricardo’s cuenta con cuatro sucursales: Centro, Gabilondo, Playas, y desde el pasado martes 28, Zona Río, con su nueva ubicación en Sánchez Taboada y Joaquín Clausell.
Más allá de los restaurantes, cuentan también con otras áreas, incluyendo cocina industrial y Ricardo’s Express.
El servicio de cocina industrial fue un proyecto que Ricardo Martínez Apocada lanzó a los 30 años de edad, en 1988. Tenía él conocidos en la industria maquiladora que le podían ayudar a ingresar a los comedores de las plantas. “En ese negocio no entraron mis papás”, recordó. “Ese negocio lo hice yo, con la ayuda de mi hermano Marco Antonio. Él estudió ingeniería, trabajaba en la maquila, y lo saqué de la maquila y me lo traje a trabajar conmigo”. Ahora le ayuda también a operarlo su hijo.
En cuanto a la marca Ricardo’s Express, se trata de un servicio de deli con café de línea, café de máquina y espresso. Al igual que con el servicio de cocina industrial, el secreto está en ofrecer productos que mantengan la calidad que se tiene en restaurante Ricardo’s.

Empresa familiar
En los últimos años, dentro de la industria gastronómica se ha dado un crecimiento enorme a través de las plataformas de entrega de comida a domicilio. Para Ricardo’s, trabajar con Uber Eats, Didi y Rappi, ha abierto otra puerta.
“Ha sido muy, muy exitoso ese concepto para nosotros”, señaló. “Es un corredero el domingo impresionante aquí, impresionante, es una chulada. Yo creo que todos hemos usado ese servicio”.
Por lo mismo, les facilitan a los repartidores la labor a través de un área exclusiva para que recojan los pedidos.
Ricardo Martínez Meza falleció en noviembre de 2022. Su esposa Delia se fue poco después. No obstante, el negocio que fundaron no solo se mantiene, sino que sigue creciendo.
“Nos rodeamos de gente muy noble, de gente que nos ayudó mucho, y háblese de meseros, de familia”, resaltó Martínez Apodaca.
“Hoy por hoy somos una empresa familiar, tenemos un consejo de administración, tenemos un director general que es sobrino de nosotros, hijo de mi hermano mayor”, agregó. “Tenemos un consejo con presidente, secretario, tesorero, consejeros externos que nos han ayudado al gobierno corporativo y a mantener la línea que mi papá marcó bien antes de dejarnos, una línea muy firme, muy exigente es sus procedimientos”.
Martínez Apodaca subrayó también que esto los ha encaminado a ser una empresa con responsabilidad social. Además de su labor en organismos como Canirac y la Asociación Pro Bomberos, los cuales ha presidido, grupo Ricardo’s está abierto a ayudar a otros grupos que se les han acercado, incluyendo la Fundación Castro-Limón, en apoyo a niños con cáncer, y Fundación Rebeca Lan, que busca empleo para mujeres que estuvieron privadas de su libertad.
“A quien se acerque con nosotros que podamos ayudarla”, indicó. “Somos muy complacientes con esa parte, de regresarle a Tijuana algo de lo nos ha dado”.
Busca el video de la entrevista con Ricardo Martínez Apoda en nuestro YouTube

































