Plomo o Cárcel

“Desde que tengo memoria, siempre quise ser un gánster”, Goodfellas, 1990

Recuerdo bien mis inicios como docente. Me daba la oportunidad mi gran amigo y mentor el Padre Benigno Medrano Flores dado su nombramiento como director general del Instituto Juan Jesús Posadas de Tijuana ahora en el lejano 2004.

La película que cito como preámbulo de esta columna formaba parte de las estrategias sugeridas por una materia que acuñó otro gran amigo, el Profr. Carlos Franco Pedroza como parte de la curricula para secundaria: Cultura de la Legalidad. La experiencia de esta asignatura tomaba de referencia las actividades que se habían llevado a cabo en Sicilia y Palermo, Italia, poblaciones marcadas por la presencia y exportación de mafiosos a todo el mundo, mismos que se refieren en películas como “Buenos Muchachos” (por su traducción en español) o “El Padrino” en sus tres partes.

Estas experiencias ligaban claramente una intervención directa en las aulas, especialmente de los adolescentes, para presentar el crimen como una actividad que al final de la vida no paga, lo único que deja en su camino es muerte o cárcel y un profundo dolor en las familias que viven sus consecuencias directa o indirectamente.

México no es la excepción. Estamos muy lejos de una cultura enfocada en la justicia que comienza por el respeto a las leyes establecidas para la convivencia pacífica. La forma progresiva en que la violencia ha escalado en el país es muestra clara de que existen grupos criminales que hacen justicia por su propia mano atendiendo a que se sienten impunes ante autoridades que, muchas veces se corrompen, para alinearse con los propósitos delictivos de quienes están llamados a combatir.

Dado que esto no es algo nuevo, podemos entender como es que llegamos a presenciar a sujetos como “El Mencho” y un cartel como el de Jalisco Nueva Generación. Como gradualmente pasamos de homicidios silenciosos a homicidios escandalosos traducidos en personas colgadas en puentes, cortadas en pedazos y dejadas en hieleras o de alto impacto en zonas “blindadas” de distintas ciudades.

Entender que las estructuras de los carteles pueden sembrar miedo y paralizar una ciudad entera si se lo proponen, dañando el patrimonio ajeno, explotando vehículos o cerrando carreteras y quemando negocios. Un monstruo que dejamos crecer a un tamaño al que nunca debió llegar.

Sin embargo, aplaudo a la presidente de México Claudia Sheinbaum y a su secretario de seguridad Omar García Harfuch, lo que ocurrió el pasado domingo en la madrugada es muestra clara de un compromiso con la paz en México y de que nadie está por encima de la ley.

Seguramente no fue un tema sencillo dar con un criminal de esta magnitud, el líder del cartel más violento del mundo. En mi caso, no me importa que se diga que la presión de los Estados Unidos fue el factor preponderante para el abatimiento de este criminal. Sabio también es quien se deja ayudar por quien tiene mayor experiencia y capacidad para este tipo de asuntos. Lo importante es tener claro el objetivo: descabezar al cartel más poderoso del mundo. Se logró.

Lo único que falta para acercarnos a una cultura de la legalidad es que caigan los políticos coludidos, como el alcalde de Tequila, Jalisco. Que a la presidente de México no le tiemble la mano para que, quien sea que esté involucrado con la mafia rinda cuentas ante la justicia. Esto sería el comienzo de la transformación de la vida política de México.

Concluyo pensando como padre de familia. Cuando vives en Tijuana el ambiente está lleno de incentivos para que niños y adolescentes piensen que la vida de la mafia es una buena idea: la música, las leyendas urbanas, el poder, el trasiego de drogas en la frontera más transitada del mundo y la imagen que proyectan algunos criminales los hacen asequibles para quienes están buscando una identidad propia y pertenecer a grupos.

En “Goodfellas”, Henry Hill, interpretado magistralmente por Ray Liotta afirma “Para nosotros vivir de otra manera era una locura…” consideraban a la gente que se ganaba la vida honestamente como “don nadie promedio, unos cualquiera…”.

Sin embargo, la película, como la realidad mexicana actual no se equivocan. Los criminales mexicanos más emblemáticos de toda la historia hoy están en la cárcel o tres metros bajo tierra. Para algunos, su “reinado criminal” fue muy longevo, para otros fue muy breve, pero al final, tal y como le pasó a los “buenos muchachos” de la mafia italo-estadounidense todos terminaron mal.

Qué importante es dedicarnos a algo honesto en la vida, que nos apasione y que nos recompense con algo más allá del dinero, el poder o los lujos: con PAZ.