El deterioro de la política en Baja California

Por Manuel Alejandro Flores

“¡Todos ustedes: a trabajar más con la gente!”, Claudia Sheinbaum dirigiéndose a diputados y senadores de su partido en San Quintín, BC.

Si en 1989 Baja California fue la puerta de la democracia electoral en México, 2025 y lo poquito que lleva el 2026 han marcado un hito sobre qué tan profundo puede ser el abismo de la corrupción dentro del gobierno que encabeza Marina del Pilar en nuestro Estado.

Los gobiernos que en su momento encabezó el PAN dieron resultados muy positivos para Baja California. Sin embargo, desde el gobierno de “Kiko” Vega, pasando por el de Jaime Bonilla y estos cuatro años de Marina del Pilar han estado marcados por casos de corrupción que son emblemáticos y vergonzosos. Esto nos permite reconocer que no es un tema de un partido político en el poder, sino un aspecto cultural al que nadie le quiere entrar con energía por una falta de visión de Estado que ponga el BIEN COMÚN por encima de intereses particulares o de grupo.

Pero, ¿cuál es el origen de la corrupción en el ámbito de la política? ¿Cómo es que, quienes se comprometen a administrar los impuestos de todos y a brindarnos seguridad, bienestar y desarrollo se desvían de ese propósito para enriquecerse de manera ilícita o falsear información en beneficio de personas o empresas de un grupo determinado? Y todavía más determinante aún, ¿cómo es que salen a la luz pública investigaciones periodísticas o denuncias presentadas ante las fiscalías y en muy contadas ocasiones se presenta a los responsables ante la justicia? Podría atiborrar mi columna de preguntas en el mismo sentido. Mis consideraciones, como de costumbre, son las siguientes:

1.        En México, la corrupción política es socialmente aceptada. Frases como “el que no tranza no avanza” o la idea de “ser cochi, pero no trompudo” y de “aprovechar al máximo cuando te toque estar en el gobierno” son parte del acervo cultural de nuestro país. En México se acepta, por lo general, la corrupción como una oportunidad que de no aprovecharla te hace formar parte de la fila de los “pendejos” que tuvieron “la chanza” de llenarse las manos y no lo hicieron. Este es el primer gran incentivo para apropiarte de lo ajeno y peor aún, de lo que es de todos. Es un manto protector generalizado para que las triquiñuelas tengan lugar en el ejercicio del poder político.

2.        La impunidad es la prima hermana de la corrupción. Son muy pocos los casos de políticos que terminan en la cárcel por hechos ilícitos inherentes a una mala gestión de gobierno o el mal uso de recursos públicos. Cuando estos llegan a ocurrir, normalmente es porque un grupo político ajeno llega al poder y no se logran acuerdos. Después del tema cultural, el mayor incentivo para corromperse es la idea fija de que no habrá consecuencias por ese tipo de actos. Mientras el sistema de justicia ligado a acotar la corrupción no sea autónomo y valiente para afrontar los casos que surjan nunca habrá justicia.

3.        Falta reconocimiento social a quienes, en el ejercicio del poder público, mantienen una reputación limpia y ajena a casos de corrupción. Seguro estoy que hay casos emblema de hombres y mujeres que, dedicados a la función pública, no tienen cola que les pisen. Esos son los casos que debemos visibilizar para poco a poco ir cambiando el aspecto cultural. Se debe admirar a quienes luchan por llevar una vida recta, honesta y no a los tramposos o maleantes. A quienes viven con valentía valores y virtudes, así como se apegan a lo que la ley les permite en el ejercicio de sus funciones.

4.        La clave está en cada hogar mexicano. Los políticos mexicanos no vienen de marte o de otra galaxia, salen de hogares comunes y corrientes a lo largo y ancho de la república mexicana. La forma en que nos conducimos como padres de familia es el ejemplo que cada hijo tendrá en la vida. Lo que decimos en la intimidad del hogar, a lo que le damos valor y los principios que formamos en el día a día determinan la construcción de cada persona. Las encrucijadas llegarán sin duda y lo que nos toca a los padres de familia es formar hombres y mujeres que, como dijo Sócrates en su momento: “prefieran morir antes de cometer una injusticia…”.