Por Maru Lozano Carbonell
La época decembrina es básicamente para estar en familia y con los amigos que frecuentamos poco. Viviendo en frontera, es muy común salir de viaje o recibir gente ¿cierto? Afloran las reuniones, los amigos secretos, los intercambios y ¿por qué no decirlo? ¡Las situaciones incómodas!
Analicemos qué es lo que realmente nos incomoda si vamos de visita o nos toca recibirlos: Quizá tenerte que ajustar al horario y actividades de los demás. Comprar regalos extra que no se contemplaron. Ceder ante los planes de otros. Aguantar que los tuyos no están contentos con las actividades. Hacer a un lado posadas, reuniones y fiestas con tus amistades. Pasear a lugares a donde a lo mejor no querías ir. Gastos excesivos. Los servicios religiosos cuando éstos se consideran obligatorios y aburridos.
Parecería entonces que la época decembrina es una lupa que nos hace resaltar lo triste y lo malo. Quizá estamos recordando a ese ser querido que ya no está.
Posiblemente estamos viendo cómo nos minimizan en importancia la gente que no es de nuestro lado. El tiempo se hace eterno y el frío quema, dan ganas de salir corriendo y regresar a la rutina. De repente nos da gripa o nos sentimos sin energía. Pensamos a cada momento lo divertido que sería estar con los nuestros. Quisiéramos estar con los allegados pero sin las carotas de los hijos o la pareja. En resumen, quisiéramos ser chiquitos y tener las fiestas que solían hacernos sentir ilusionados, mimados y muy emocionados.
Quiere decir entonces que “crecer duele”. Quizá lo conveniente sería abrazar el nuevo rol que nos hace ahora líderes de las navidades y años por venir para nuestros hijos. Así que el primer paso es adoptar ese liderazgo y promover las mejores épocas para la memoria de los que viven en casa.
Organiza actividades divertidas como: Una presentación de fotos de épocas anteriores. Juegos, karaoke. Rifa los personajes y representar improvisadamente una pastorela. Regalos hechos por uno mismo. Inventar canción, poema, etc. Llevar un adorno hecho por uno mismo y poner el árbol familiar al momento. Que los pequeños cocinen un postre o preparen una bebida para la fiesta. Que los adolescentes pongan pasos de baile a todos. Ronda para hablar de lo que se hizo y se desea para el siguiente año, colocando en un contenedor el propósito.
Puede ser que el error radique en soñar y tener expectativas puestas en la acción de los demás. Si estamos esperando que tal persona nos regale lo que nuestra mente diseñó y no resulta de tal manera, nuestra depresión ¡cobrará vida propia! Lo mismo pasa con los planes, las actividades, las salidas, las llegadas y todo lo que implique convivir. Siendo realistas, cediendo un poco y organizando algo, nos hará sentir parte importante de las celebraciones.
Siempre he pensado que se puede celebrar en seis momentos, elegir y dejar elegir: Desayuno, comida o cena el veinticuatro. O bien desayuno, comida o cena el veinticinco. No pelear por horas de diferencia y liderar las fiestas pacíficamente ¡desde su planeación!
Ya nos lo dijo el psicólogo francés Gustave Le Bon: “Gobernar es pactar; pactar no es ceder”. Así que hagamos que este tiempo sean de felices fiestas porque familia solo hay una y gozarla ¡es un tesoro!


































