Yo raro

Por Maru Lozano Carbonell

Dieciocho de febrero es el día internacional del síndrome de Asperger, los que lo tienen, sienten que son “raros”, viven como dentro de una burbuja que los aísla, haciéndoles difícil el contacto pleno con la realidad.

Si ves a un niño, adolescente o adulto que tiene dificultad para adaptarse a las reglas impuestas por la sociedad, entender los sentimientos de los demás y a veces los propios, podrías estar ante una persona con este síndrome. Condúcete con paciencia, es decir, con paz.

El descubridor de esto fue el austriaco Hans Asperger, era psiquiatra. Él nos dice que un Asperger se deja enseñar si el que enseña es cariñoso, auténtico y comprensivo. Yo podría añadir que la energía es la que primero se comunica, es importante ser empáticos y creer en lo magistral que un Asperger es porque este espectro autista sí que los hace funcionar bien.

Un Asperger sabe lo que quiere, lo que no y lo expresa sin tapujos. Sabe de su singularidad y sí se da cuenta de lo que le hace diferente de la mayoría, por lo que es capaz de seguir consejos que le auxilie a conocerse más.

Ojo si un docente te dice que tu hijo actúa de cierta manera, hazle caso. Usualmente los papás se niegan y piensan que los maestros no quieren esforzarse, la realidad es que el niño no está con más de veinte personas en casa, ni están expuestos a lo que en la escuela sí.

Todos los maestros deberíamos saber de técnicas de la inteligencia del corazón o Heartmath y recibir capacitación para identificar, educar y acompañar como se merece. En lugar de Consejos Técnicos Escolares obsoletos, deberían invitar expertos en este tema para proporcionar estrategias a maestros y familias.

Cualquier síndrome es una condición con que se vive, es un conjunto de signos, no es como que se puede curar, pero sí se puede sobrellevar y controlar con alto sentido de logro.

Ya con el diagnóstico, podríamos irnos con lo que el psicólogo, papás o maestros nos dicen, pero ¿y el niño? Hay que preguntarle qué lo altera, qué lo calma y busquen soluciones juntos. El que tiene síndrome de Asperger sabe sus respuestas, sólo necesita que le den la oportunidad de expresarlas y te orienta a ti sobre cómo ayudarlo.

Es importante que se sigan rutinas, si algo le está enojando, ofrécele opciones, usa un temporizador, premia cuando logre la calma; respeta si le molesta la luz, el ruido, cambios bruscos de rutina, competencias y demás. Quiere relacionarse, pero no saben cómo hacerlo.

A un Asperger le cuesta integrar todos los estímulos que vienen de su alrededor y por eso decide enfocarse en una sola cosa y se vuelve experto en eso.

Por favor, un Asperger no es ni mejor ni peor, simplemente es diferente. En todas las etapas de su vida requerirá apoyo. Se necesita una persona muy atenta para entender lo que alguien no puede expresar.

Ya nos lo decía la profesora Temple Grandin: “Es necesario que se haga mucho más énfasis en lo que un niño puede hacer y no en lo que no puede hacer”.  ¡Aplica para todos! Ellos son parte de nuestro mundo, no son un mundo aparte y lo que puede llegar a confundirlos, es justo la causa de su temor.