¡Ya estrena esa corbata!

Por Adriana Zapién y Valente García de Quevedo

La visita a Beirut fue un suspiro, pero nos dimos tiempo de comer, beber y sobre todo caminar por horas con la tarea de vivir el barrio de Saifi Village. Una de las zonas que más recordaremos de donde nos trajimos varias historias de la gente que conocimos, cosa que gracias a nuestro estilo extrovertido nada nos cuesta trabajo.

Ahí fue donde mi hijo y yo conocimos a la Pecorella y a Remo de quienes ya hablé en otro artículo, pero también conocimos a aquella sommelier inglesa que buscando encontrar su razón de vida, terminó quedándose en Líbano después de estar ayudando un tiempo en un campo de refugiados sirios. Y eso para nosotros es viajar; regresar de tus viajes, lleno de historias que contar sobre las personas que conoces.

Pero en fin, esa será narración de otra ocasión, pues en esta contaré que en el recorrido de ese barrio entre hípster y de lujo, que fue totalmente destruido durante la guerra y hoy luce esplendoroso gracias a la reconstrucción hecha por la compañía Solidere, al respetar el original aspecto colonial francés, que le hizo ganar a Beirut el mote de la París de Oriente.

Saifi Village está ubicado a unos pasos de la Plaza de los Mártires y la mezquita Mohammad AlAmin, comenzando en la llamada franja verde que fue la línea principal durante la larga guerra civil. Su diseño urbano es ejemplo de un vecindario de usos mixtos donde se mezclan los edificios de apartamentos residenciales, con una gran cantidad de tiendas, restaurantes, bares galerías de arte e incluidas las tiendas de grandes diseñadores. Inclusive los concesionarios de autos de lujo buscaron ahí un aparador.

Todo converge en un entorno urbano ambientado con una gran cantidad de vegetación, arbustos endémicos y hermosas flores que adornan las calles adoquinadas y las plazoletas en las esquinas, que al andar por sus calles te encanta descubrir todo lo que hay en los aparadores.

En uno de esos tantos locales que nos encontramos caminando, había una peluquería de esas donde los guapos libaneses seguramente salen más guapos. Claro está que Valente nada más se ríe cuando me escucha decir eso, porque dice que son peluquerías para metrosexuales estilo David Beckham jejeje. Como sea, si hay un lugar donde vi los hombres más guapos del planeta fue en Beirut.

Bueno, volviendo a la peluquería. Todavía no recuerdo por qué entramos mi hijo y yo al elegante local; pero en la planta alta había una tienda de ropa y accesorios para hombre con una cantidad de corbatas y calcetines (debilidad de mi hijo) por lo que él no pudo resistir la tentación de comprar una corbata, ya que además dice que siempre te debes llevar algo para usar, del lugar que visitas en tus vacaciones.

El tema de fondo de esta historia, en realidad no es la corbata (que por cierto no ha estrenado), sino que no debemos dejar nada para después, pues la pandemia se ha encargado de enseñarnos mucho y entre ello, que las cosas son para usarse y no guardarse para una ocasión especial.

Cuando somos plenamente conscientes de vivir intensamente la vida, podemos hacer especial cualquier día, porque hoy todos los días tenemos más tangible que el mañana puede no llegar. Así que la próxima vez que compres algo en un viaje úsalo lo más pronto y no lo guardes. Ve a tu closet, saca esa corbata y recuerda ese divertido día pues la vida está compuesta de instantes que a veces es maravilloso recordar.

 

Compartir
Artículo anteriorBajo nuevas reglas
Artículo siguienteLa lotería de Nancy