Ya es hora

Por Virgilio Muñoz Alberich

Gastón Luken es un político honesto. Un servidor público apegado a la ética y la austeridad que siempre ha combatido intereses ajenos a los colectivos. Sin embargo, en democracia los atributos personales no son suficientes para ganar elecciones. Si Gastón quiere ampliar su caudal de votos en la recta final del proceso, deberá ajustar cuanto antes los criterios de campaña.

Una contienda electoral exitosa es producto de dos cosas. Primero: plantear de manera efectiva de qué se trata la elección. Esto deriva de una profunda investigación donde se evalúan las principales inquietudes ciudadanas, la percepción sobre el candidato y el concepto rector del mensaje. Segundo: ofrecer políticas públicas con beneficios tangibles para el votante, destacando las dos o tres más relevantes. Bien planteadas, permiten resaltar el liderazgo del candidato, diferenciarse frente a oponentes y generar certeza al elector. Es el círculo virtuoso de la movilización y preferencia electoral.

Al arranque del proceso, Gastón supo posicionarse. «Vamos a darle Gas a los partidos» fue un gran slogan. En una frase hacía referencia directa al candidato y planteaba su eje de distinción integridad/corrupción. Por eso resulta incomprensible el abandono de la marca. Cualquiera de los aspirantes podría decir «Ya es hora» y ser consistente con su estrategia. ¿Peor? Desde hace tiempo, estudios de opinión cualitativa en distintos puntos del país lo concluyen como un slogan desgastado. Tan no es óptimo que hoy la difusión de la campaña Luken transita a «Manda los partidos a volar», cuando debiera regresar al probado concepto original.

En cuanto a los beneficios tangibles al elector, Gastón ha perdido tiempo valioso al recargase exclusivamente en remarcar ineficiencia partidista, dejando de lado la oferta de soluciones bien articuladas, especialmente de cómo la integridad traerá beneficios específicos en seguridad o economía. Estos últimos, asuntos públicos de mayor preocupación social. Un ejemplo: si a usted le inquieta mucho la inseguridad y lee que Juan Manuel Gastélum esquiva hacer frente al fenómeno de criminalidad -como lo hizo explícito la semana pasada- seguramente tenderá a votar en automático a Julián Leyzaola y su «Tijuana con Ley». En el caso Luken, esa conexión natural en el elector es obstaculizada por la falta de difusión de beneficios tangibles.

Gastón debe centrar la comunicación en torno a sí. El elector tiene puesta la atención en su próximo alcalde, no en los regidores. Más aún cuando existe un mensaje desarticulado al interior de su planilla y la soberbia ronda entre algunos de sus integrantes. A quien ya repartió la próxima conformación del cabildo y difunde con frecuencia datos imprecisos, debiera recordarle Luken que la soberbia en elecciones es hermana de la derrota y prima del ridículo. Basta recordar a López Obrador en 2006.

Asimismo, los «diálogos independientes» tendrían que ser plataforma mediática para remarcar las dos propuestas más relevantes y tender la conexión de diferenciación entre candidatos antes mencionada, en vez de convocar al «ustedes dicen por dónde nos vamos». A estas alturas del proceso esto sólo inyecta incertidumbre al votante sobre la propuesta de Luken. Gastón está a contra reloj para ajustar su campaña y seducir con mayores elementos al elector. Aquí sí, ya es hora.