Y usted ¿a qué vino?: Nola Cajun Bistro

Cuando los británicos expulsaron a los franceses de sus antiguas colonias del Canadá inauguraron, sin querer, una nueva cocina, la creole (o criolla), pensada, concebida y desarrollada en el estado de Luisiana, para ser más específicos, en la mítica Nueva Orleans. Y es que de Luis XIV no sólo quedó el nombre sino vetustas recetas galas que se adornaron con la picaresca gastronómica de inmigrantes africanos y españoles para crear ese rompecabezas culinario que es la comida Cajun. En un pequeño local sobre la Avenida Hipódromo somos recibidos con las suaves notas de un saxofón y las infaltables flores de lis estampadas en las ventanas. Son unos tacos negros de bagre con verdaderas papas a la francesa los que nos dan la bienvenida.

Para entonces se descorcha una botella de vino uruguayo, por supuesto elaborado con la uva de casa: Tannat, adornada con la sutil presencia de la Cabernet Franc, solo para darle un poco de estructura y fortaleza. Después de un somero repaso a la oferta del restaurante nos decidimos por dos de los platillos del menú. El primero, un Étoufée que es un platillo preparado con arroz, camarones y una salsa elaborada con perejil, laurel, pimienta de cayena y cebolla. Una especie de mirepoix francés, es decir un preparado de verduras cuya misión preponderante es la de aromatizar el platillo acompañándolo de manera discreta pero efectiva. El resultado del maridaje no puede ser más afortunado: las suaves notas frutales de la Tannat caminan discretamente al lado de este perfumado caballero sin que los sabores de uno predominen sobre los del otro.

Como segundo plato se ha escogido un Louisiana Craw Fish Boil, una cacerola que contiene un guiso de cangrejo en su jugo con arroz blanco que nos recuerda un poco los deliciosos arroces que se ofrecen, de mil y una formas, en la cocina portuguesa: caldosos y bien condimentados. Aunque es un vino sudamericano el que le ha hecho los honores a nuestra comida, comentamos que un buen número de vinos mexicanos, sobre todo aquellos de medio cuerpo, jóvenes y sencillos, pueden entenderse bien con la cocina Cajun. La tentación es grande y sucumbimos ante el ofrecimiento de probar un platillo más. Se trata ahora de uno conocido con el nombre de Jambalaya: otra vez arroz pero ahora con tropiezos de carne de res y langostinos. No faltan por supuesto los ingredientes que dotan de personalidad aromática al platillo: pepinos, cebollas, apio y chile. El servicio del Nola es atento y eficaz. El lugar limpio y agradable, amueblado con mesas sencillas de madera obscura suficientes para unos cuarenta comensales. Una barra esquinada en triángulo y un techo adornado con mascadas de colores le dan un toque desenfadado e informal al sitio. Afuera, unas ocho sillas altas y sus mesas han sido dispuestas para aquellos comensales que no solo llegan a comer sino a ver y ser vistos. Una propuesta novedosa y vanguardista que da la bienvenida a una nueva cocina no convencional.