Y usted ¿a qué vino?: Marenca

Por Luis Miguel Auza Tagle

lmvino@hotmail.com

Nunca se me hubiera ocurrido, pero el nombre de este restaurante es el acrónimo de “mariscos, ensaladas y carnes”, lo que es andar de ocioso. A espaldas de la cantina de los Remedios se encuentra uno a las puertas de este pequeño sitio, amueblado de manera casual y cuyo menú no traiciona las siglas que su nombre conforman, es decir, con una oferta que parte de entradas con base en mariscos, algunas ensaladas, lenguados preparados de ocho formas diferentes y dos o tres carnes que van de la arrachera al filete mignon, pasando por una cabrería y un par de hamburguesas, una con queso roquefort y otra llamada clásica.

La tarde es calurosa y antes del vino se pide un mojito para dejar que el cuerpo tome temperatura y se relaje un poco. Se piden dos entradas: unos tacos de lechuga rellenos de camarón y cacahuate trozado acompañados de una salsa de jengibre tibia, muy sabrosa. Para ese momento ya se ha descorchado una botella de vino blanco, Chardonnay de la casa L.A. Cetto. Como en muchos casos en Tijuana, en vez de enfriar la botella la tenemos que dejar un rato a temperatura ambiente ya que viene poco más que helada, algún día aprenderemos. Llegan al mismo tiempo tres tostadas con camarones, aguacate fresco, perejil y chile habanero.

El vino se defiende como puede ante los embates del chile. Aprovechamos para echar un ojo al local. La decoración es moderna y muy sencilla. Hay lugar para poco más de treinta comensales en el área central y unos veinte más a lo largo del pasillo que rodea el restaurante dentro del mismo recinto. Con la ensalada capresse el vino se expresa a sus anchas, con notas de cítricos y un poco de durazno, quizás con un toque de toronja en el retrogusto.

El plato fuerte es un filete de lenguado llamado a la Marenca y que se ofrece como especialidad de la casa. Viene con una guarnición de vegetales y arroz. En mi opinión, cuando se utiliza el lenguado como el pescado de la casa, no sobra ser un poco más agresivo en los condimentos ya que se corre el riesgo, sobre todo cuando se decide capear, de obtener como resultado un platillo con poca sazón. Se pide un poco de aguacate y salsa verde para levantarle el ánimo.

La carta de vinos es muy sencilla, de hecho solo se ofrecen vinos de las bodegas Cetto y uno que otro extranjero, sin embargo el vino escogido ha sido una grata compañía durante toda la comida. La atención de nuestro mesero es discreta pero muy eficiente. Cerramos nuestra visita con un postre de muy buena factura, crepas con queso mascarpone que en realidad no es un queso técnicamente hablando, sino el resultado de añadir una serie de bacterias al cultivo de la nata de leche. El cuidado en la elaboración de las delgadas crepas, la calidad del queso y el toque dulce y frutal nos regalan un sabroso y placentero final.

*Ejerce el periodismo crítico de vinos. Es conferencista y capacitador en sus tiempos libres.