Y usted ¿a qué vino?: Landini

Por Luis Miguel Auza Tagle

lmvino@hotmail.com

No quiero hablar de lo que fue porque sería injusto. Mino hizo lo que pudo y quiso en este lugar cuando era el Italianísimo pero, como dice la canción, otros que vienen la continuarán y la vida sigue igual. Y aunque se parece no es lo mismo, se respira algo diferente. Y por eso llegamos con el señor rector para percibir estos aires nuevos. De entrada se pide un hongo Portobello cocinado con vino blanco y acompañado de ensalada Caprese y un cuarteto de prescindibles camarones. Y digo prescindibles porque, amén de estar sabrosos, le quitan protagonismo a una propuesta que me parece de lo más original. Jitomate, queso mozarella y hongo, preparados así, de manera tan casual, diría yo, que resultan en un platillo más que bienvenido. Los camaroncitos no están mal pero pueden no estar y no le restan mérito al platillo.

Para la ocasión se descorcha un gran vino: una botella de Dominio de Valdepusa, monovarietal de Syrah español del Marqués de Griñon del 2003, un vino extraordinario de Castilla-La Mancha que despliega aromas de frutas rojas y luego negras en su primera nariz. Llama la atención el rescate del lugar. Sin querer borrar su pasado se proponen sutiles cambios que advierten aires nuevos. Mesas bien montadas y un servicio pulcro y discreto, atento a las necesidades de los caprichosos comensales. Por ejemplo, no falta a tiempo el decantador y un par de copas limpias, una canasta con pan caliente y una botella de agua mineral bien fría. Como plato fuerte llegan a la mesa dos pastas, un penne Chatigiana con salchicha y un Rigatoni Norma preparado con salsa fresca de tomate y berenjena aderezada con queso ricota y hojas de albahaca. El Chatigiana se deja ganar un poco por la fuerza de la carne pero el Rigatoni se prepara al dente, con la salsa al punto y la berenjena fresca, cuidadosamente trozada para dejar sentir su sabor y su textura sin quitarle méritos a la pasta que se expresa franca arrebatando al vino notas de pimienta blanca y trufa. Los aromas de menta y regaliz llegan solos, sin prisa, como suele ser en los vinos de alta gama.

Antes de terminar damos un vistazo por el sitio. Al fondo del comedor, dividido en dos partes, vemos dispuesta una barra bien surtida en la que no faltan licores para todos los gustos y, del lado contario, un pequeño salón con una mesa circular ideal para un grupo de amigos que quieran disfrutar de cierta intimidad a la hora de comer o cenar. Una vez afuera descubrimos algo que es digno de todo aplauso: la conquista de la calle. Parece atrevido y lo es. Si algo le hace falta a Tijuana es apropiarse de sus propios espacios, que no tengamos miedo de disfrutar la vida más allá de cuatro paredes. Landini está poniendo el ejemplo invitándonos a disfrutar la noche sin más techo que la luna llena. Más cielo y menos concreto para bien de todos. 

*Ejerce el periodismo crítico de vinos. Es conferencista y capacitador en sus tiempos libres.