Y usted, ¿a qué vino?: Cuando el destino nos alcance

Para muchos restauranteros de nuestra ciudad, ya llegó el lobo y no es cuento. Desde el año dos mil y hasta hace pocas semanas (periodo que puedo atestiguar sin que me lo platiquen), quienes estaban aquí vivían una especie de sabroso letargo: no muchas opciones aunque fueran pocos comensales. 

Y digo pocos, porque siempre habría que tomar en cuenta el nutrido grupo de alegres tijuanenses que preferían cruzar la línea el fin de semana no para comer o cenar mejor, pero sí más tranquilos, más seguros o más desapercibidos, como usted quiera.

Pues resulta que ese privilegiado grupo de oferentes gastronómicos ven llegar a su fin una luna de miel que duró varios años. Durante los últimos trece vi surgir una decena de sitios nuevos. Algunos ya cerraron y otros pocos la van llevando. Pero en tres meses ha sucedido lo que pocos hubieran pensado. Solo por poner un ejemplo, en el nuevo complejo comercial llamado Paseo Chapultepec, se han inaugurado cuatro restaurantes en unos cuantos meses. Y hay de dulce, de chile y de manteca. El Chilis, el Piola, el Comicx y, apenas el lunes pasado, el Italianis.

¿Qué lectura podemos hacer de este fenómeno? Nuestra ciudad ha transitado de la angustia a la estabilidad emocional más o menos rápido y más o menos bien. Somos la envidia de las ciudades fronterizas, ni duda cabe.

Pocos podrían haber imaginado lo que fueron los primeros indicios: la calle sexta renacida, efervescente y alegre. Destino nuevo e inusitado para jóvenes urgidos de fiesta y guateque sin riesgos. Después la aparición de nuevas ofertas en una zona a la que los chilangos emigrados han dado por llamar “la condesa de Tijuana”, haciendo alusión al boom restaurantero de la colonia capitalina que lleva dicho nombre, en nuestro caso las que podemos disfrutar en la Cacho. Finalmente, las primeras franquicias que vienen con todo y que están dispuestas a aguantar y a esperar, como las mencionadas arriba.

El panorama cambia y la pregunta es si el número de comensales potenciales crece al mismo ritmo de la oferta. Yo considero que no. La realidad es que vamos a ser testigos de un reacomodo comercial en el que algunos no van a sobrevivir, sobre todo si no se adaptan a las nuevas circunstancias. Lo que no podemos permitir es convertirnos en presas de la novedad y ser mangoneados por el exotismo culinario. Y arrojo la primera piedra. A partir de ahora ofrezco a mis sufridos lectores analizar a fondo lo que estos nuevos lugares nos vienen a ofrecer concretando mi opinión en tres aspectos que han sido considerados en esta columna horizontal desde que empezamos: calidad de los ingredientes, oferta de vinos y nivel de servicio.

Debemos tener cuidado a la hora de salir a comer, la decoración y el ambiente de un restaurante son importantes pero no son lo primordial. Lo que venga deberá estar a la altura de nuestras ya nada bajas expectativas culinarias.