Y usted ¿a qué vino?: Consumo de vino. Expediente México.

 

El consumo de vino en México es casi marginal, si se le compara con el de los grandes países productores y consumidores del mundo. Esto es cierto, sin embargo las cosas parecen estar cambiando con cierta rapidez. Hay quienes piensan que el consumidor promedio tiene una preferencia muy marcada por la cerveza y que esta acompaña mejor nuestra comida que cualquier otro tipo de bebida. El gusto del mexicano por los alimentos con cierto nivel de picor o generosamente condimentados parecería ser la pauta que rige nuestros patrones de consumo alimenticio. La realidad es que al mejorar las condiciones económicas en general y de educación en particular, las sociedades reorientan sus preferencias y estas tienden a ser similares a las de aquellas naciones en las que la comida deja de ser un factor de sobrevivencia para convertirse en un elemento de placer hedonista y ciertamente sofisticado que va a llevar al comensal a seleccionar la bebida idónea para disfrutarla mejor, atemperando el uso de ciertos ingredientes. Y esto no quiere decir que necesariamente el vino deba desplazar a la cerveza.

Ahí está el ejemplo de Alemania. Por cierto se trata de un país en el que el consumo de cerveza es infinitamente mayor que en México, pero que también lo es el del vino de mesa y su índice de obesidad mórbida es exponencialmente menor que el nuestro. Valga el comentario para demostrar que no es la cerveza la que engorda sino nuestros malos hábitos alimenticios y nuestra enfermiza falta de interés por hacer algún tipo de ejercicio de manera sistemática. Desafortunadamente muchos millones de mexicanos atrapados en la pobreza están condenados a una dieta más que precaria en la que el consumo moderado de vino es un sueño imposible. Las calorías que demandan para sobrevivir solo las pueden recibir a través de otro tipo de bebidas en las que el juego perverso de la adicción incontrolable al azúcar será el resultado de su ingesta. Por fortuna, cada vez más jóvenes tienen acceso a una mejor educación y a un mejor nivel de vida y como consecuencia de ello a satisfactores acordes a dichos niveles.

 Sabemos que en México se consumen unos cincuenta millones de litros de vino anuales. Para efectos estadísticos esto se puede traducir en poco menos de medio litro de vino al año por persona. En realidad esto no nos dice nada. Es muy probable que dos millones de mexicanos consuman en promedio unos veinticinco litros de vino anualmente mientras que para la mayoría de la población el vino sea visto como un producto elitista, hecho para ricos y snobs, inaccesible en precio para ellos y envuelto en tales velos de falso y criollo protocolo que quizás nunca lo probarán en su vida.  El primer gran paso que estamos dando es convencernos que el vino es un alimento y no un producto nocivo para la salud, tal como lo consideran las obtusas mentes de quienes elaboran las  leyes de nuestro país.