Y usted ¿a qué vino?: Cabanna

En el segundo piso del nuevo complejo comercial conocido con el evocativo nombre de Paseo Chapultepec aparece una nueva oferta culinaria.

  

Parece que la ola marisquera quiere cerrar el año sin dejar de hacer ruido.  Aunque estamos en pleno otoño y las tardes ya empiezan a refrescar, al sol no parece importarle y nos regala uno de esos ratos de sudor canicular que nos invita a sentarnos en un lugar fresco donde corra el aire a sus anchas. Y es la primera sensación al llegar a este nuevo punto: espacios abiertos y con la luz natural que invade el sitio por todos lados.

Una enorme barra rectangular preside el centro del restaurante. Atrás, una fotografía de gran formato muestra un pedacito de lo que va quedando (o vamos dejando) del paraíso terrenal, en este caso la preciosa bahía de Balandra en Baja California Sur, refugio de un delicado ecosistema mucho más valioso e indispensable de lo que algunos (no pocos por desgracia) desarrolladores turísticos ignorantes y burócratas incapaces, corruptos e indecentes suponen.

 El mobiliario ligero, las sillas con respaldo y asiento de mimbre sintético de suaves colores. El piso decorado con pequeños cuadros de cerámica azul y blanca contribuye a que el comensal se sienta cómodo y relajado.

Afuera, en la terraza, mesas familiares a las que se ha dotado de diversos tipos de sombrillas para atemperar el rigor de los últimos calores. Pedimos el único vino que se sirve por copa, un blanc de blancs de la casa L.A. Cetto, fresco, alegre y pispireto, acompaña con discreción un taco que llega como primer plato, de nombre Zara y preparado de manera impecable con trozos bien cocinados de una corvina zarandeada en tortilla de maíz y bañado con una salsa casera que ha sido puesta en la mesa al mismo tiempo.

La oferta del menú es amplia y aunque se ofrecen platillos con base en carne y hasta pizzas mi instinto de glotón más bien tradicionalista me dice que los zapateros han de dedicarse a lo suyo y dejar que otros fabriquen las medias y los calcetines aunque todo ello sirva para hacerle la vida más amable a los pies de cada quien. Como segundo plato arriba a la mesa una tostada a la que llaman Coqueta, también preparada con corvina pero ahora adornada con una salsa elaborada con chile serrano y chiltepín y a la que agregamos unas gotas de una deliciosa salsa preparada con chile habanero.

El vino blanco, cuya naturaleza en este caso recuerda los aromas y sabores de frutas más bien dulces, se toma de la mano del platillo logrando un maridaje digno de encomio. Cerramos con un sashimi de atún en donde el limón se quiso pasar de listo, sin llegar a perjudicar el discreto y elegante sabor del pescado. Salgo como entré, con un pequeño nudo en la garganta ¡cómo me habría gustado abrazar al Chachano este día! Algo suyo se quedó en Gerardo y crecerá con el tiempo. No me cabe duda.