Y usted ¿a qué vino?: Bambi

El nombre evoca, casi de inmediato, la imagen de un pequeño e indefenso cervatillo. En realidad, quienes ahora transitan por la tercera edad recuerdan que el sitio conocido con ese nombre contenía argumentos mucho más entretenidos que la famosa película de Disney. Por ahí circularon bailarinas y vedetes, algunas famosas y otras no tanto. Con el tiempo la calidad del espectáculo fue variando y, por decirlo de alguna manera, relajándose con relación a su contenido. Sobrevive un discreto tubo que, en algún momento, fue centro de atención del Bambi y, sobra decirlo, no tenía que ver con la instalación hidro sanitaria del lugar. Por fortuna hoy, como la mítica ave Fénix, sobrevive de sus cenizas.

Da gusto internarse en el otrora famoso antro y ser testigo de un digno rescate de esencia gastronómica. Ubicado en el corazón de la Revo, entre la sexta y la séptima, se une al encomiable esfuerzo que otros empresarios del ramo están llevando a cabo sobre la emblemática avenida. Local amplio, de techo alto del que penden doce originales lámparas con pedrería de gotas transparentes. Al entrar, del lado izquierdo, la barra que atiende Franco, sencilla y clásica, con sillas altas para cinco contertulios. Una alfombra roja atraviesa el restaurante hasta llegar al video bar, convenientemente ubicado al fondo, separando así los siempre distintos ambientes de comedor y lugar de relajamiento, ruido e informalidad. Nos reciben con un crujiente de queso y hongo, para relajar el hambre. Rosi García, la chef encargada nos manda una ensalada de nopal curado en sal, con chicharrón y aguacate que resulta en una entrada fresca y muy sabrosa. Y es que al nopal le encanta que lo lleven de paseo con el aguacate y el jitomate mientras el queso los arropa y el chicharrón aporta al platillo solidez.

Para la llegada de la sopa de jitomate se ha pedido una copa de vino de nombre el Círculo, riojano de crianza, sencillo y sin pretensiones camina con mucha discreción y hasta un poco cohibido dos pasos atrás de la sopa que se presenta con una acidez balanceada y el sabor de dulce pero no tanto de esta hortaliza maravillosa. Antes del arribo del plato principal oteamos el recinto. Sobre la barra de cocina un grupo de alegres y erguidas gladiolas nos observa. Detalle siempre bienvenido el de las flores frescas que reflejan del anfitrión la emoción de recibir. Es un corazón de filete el último en llegar, viene con un puré de papa rústico, es decir con trazas de cáscara cocinadas al mismo tiempo. Se pide, y así llega, preparado al término rojo. La carne proviene de reses criadas en Sonora y se hace en una parrilla de charola que puede tomar diversos grados de inclinación, dependiendo del tipo de corte que se solicite. Una miniatura de chocolate, llamado volcán por su dulce y oscura lava, es el corolario de nuestra visita. Al salir nos observan las únicas bailarinas que quedan: las de los cuadros colgados de la pared.