Y usted ¿a qué vino?: Pasta e vino a lume di candela

Volver, como vuelve a la escena del crimen quien antes ha hecho de las suyas, se convierte en un ejercicio más que divertido, cuando no está de por medio cuerpo del delito alguno, sino más bien el cuerpo del deleite. Es el caso si regresas a un lugar de cuyo nombre sí quieres acordarte.

¿Habrá algún siciliano que se permita recibir a un invitado con algo menos que una buena berenjena empanizada y bañada con queso mozzarella y salsa pomodoro, es decir de buen jitomate, fresco, cocinado en los fogones de la casa y sonriendo en el plato después de haber flotado entre aceite de olivo y albahaca en la sartén? No lo creo.

Para la ocasión se descorcha una botella de Aurum que es un vino de nuestra tierra, elaborado con uva Tempranillo y Merlot, en proporción de 80 y 20 por ciento. La Tempranillo del Valle de San Vicente y la Merlot del Valle de Santo Tomás. Viene después el Arancini, bola de arroz rellena de carne de res o de puerco. El vino, no está por demás decirlo, nos regala notas evidentes de frutas rojas, madera suave y especies nobles, como el romero y el anís, al contacto con la cálida acidez del jitomate y que llega a la mesa bien caliente, como debe de ser.

Confirmo ahora que Gulisano sigue siendo lo que pretendía ser desde el inicio, un lugar en el que el jitomate se ríe a carcajadas mientras acaricia, entre un platillo y otro, los delgados dedos de su imprescindible compañera y cómplice, la sencilla y contundente pasta. Y de esta última llega a la mesa una versión siciliana de nombre Zolfatara, con migajas de pan frito, queso parmesano, un toque de hinojo y aceite de olivo.

El vino no se arredra y nos ofrece notas de mentol y especies aromáticas, quizás lavanda y un poco de romero. Luz de velas y música de piano nos van dejando los aromas y los sabores de esta pequeña pero contundente isla mediterránea. Solo un vistazo es necesario para darse cuenta que cocina y comedor son la misma cosa, al más puro estilo de las tratorías clásicas del sur de Italia.

Hoy, un juglar moderno de nombre Sergio Duarte se pone a cantar acompañado de su maestro Nico, el más siciliano de todos los argentinos y, ya no se diga de todos los tijuanenses, al mismo tiempo que arriba a la mesa el último platillo, una lasaña de carne de res con queso ricota y, adivinen, salsa de jitomate.

Otros vinos, algunos más y otros menos pretenciosos, tratan de cubrir las expectativas de la clientela. Yo, como siempre, recomiendo que se dejen llevar por su intuición y su buena estrella. Recuerden que aquí, lugar en que se privilegia la comida, el descorche no es caro, a diferencia de aquellos lugares en que lo único que se quiere es sacarle dinero al comensal, a como dé lugar. Este, les aseguro, no es el caso.