Y usted ¿a qué vino?: El Planeta de los Vinos

Uno de los privilegios de vivir en la península bajacaliforniana es el tener la oportunidad de presenciar los partos de las mejores vides mexicanas. Conocer, de primera mano, a los cada vez más y mejores hijos de este vergel construido contra viento, marea y concreto por aquellos soñadores que se empeñan en que sus sueños se hagan realidad.

La Escuela de Oficios el Porvenir, mejor conocida simplemente como “la escuelita”,  se ha convertido, no una sino muchas veces, en una especie de padre adoptivo que ha señalado el camino de quienes quieren trascender en el arte de hacer vino. No todos lo logran. Y es que la escuelita también enseña que, como en toda actividad artística, querer no es poder y que contar con la receta no es garantía de nada.

Pasión, sensibilidad, olfato de sabueso y trabajo, mucho trabajo se coluden con la Madre Natura y es entonces que surge la posibilidad de crear un buen vino. Los que no cejan buscan y, a veces, encuentran. Y ahí está Juan Carlos Ochoa bajando su sueño de la nube y bautizándolo con el sencillo nombre de Primate. Quizás entender el origen de lo que somos es un buen comienzo. Quien no sabe de dónde viene no puede saber a dónde va. Dicen.

En el 2011 nacen dos gemelos, uno con base en cuatro cepas y el otro con tres. El primero con uva Merlot como preponderante y acompañada de Petit Syrah y Cabernet Sauvignon y, finalmente, un poco de Tempranillo. El segundo con Cabernet Sauvignon como voz cantante y luego Tempranillo, en proporción de uno a tres y  con adornos de Petit Syrah.

Los vinos con mezclas aleatorias, ya lo he dicho, no son mi fuerte. Me complace sin embargo, cuando una de las cepas sobresale, aunque sea a empujones y codazos  (que todo quede en familia, es la clave). Es el caso del primer Primate en el que el carácter herbáceo y frutal de la Merlot se impone con aromas francos de cereza y lo que los angloparlantes generalizan con el nombre de berries, frambuesas y arándanos quizás. En el caso del segundo, destaca el carácter acidulce de la Tempranillo bien condimentado con las notas de pimiento y romero de la Cabernet Sauvignon.

Ambos vinos presentan una acidez balanceada, son fáciles de beber y tienen un final más bien discreto pero no por ello menos agradable. Juan Carlos conoce bien sus vinos y deja para el final de esta tertulia su último vino, su Primate 2012 que resulta en una muy agradable sorpresa. Nebbiolo, Merlot y Cabernet Sauvignon conforman un trío en el que las tres uvas se complementan al unísono y es posible identificar lo que cada una aporta al vino. Frutas rojas de la Merlot, pimiento y café de la Cabernet Sauvignon,  zarzamoras y un sutil final de tabaco de la Nebbiolo, con evidentes notas de madera, producto de una crianza bien cuidada. Un Primate que ya empieza a caminar erguido.