Y usted ¿a qué vino?: De Francia con amor

A ningún consumidor habitual de vinos, ya sea frecuente o no tanto, el nombre de Burdeos le pasa desapercibido.

  

Su sola mención evoca los vinos de los Chateaux más famosos del mundo. Imposible sería, en este breve espacio, describir los contextos geográfico, histórico y hasta genealógico de un solo vino de esta compleja y polifacética región.

Sin embargo, me atrevo. Lèoville-Poyferré es un gran vino de Saint-Julien, una de las seis apelaciones del Médoc. La más famosa de las clasificaciones de vino francés que fue establecida en 1855 precisamente en Burdeos, le otorgaba (y le sigue otorgando) a este vino la categoría de segundo lugar (en fama y presencia formal) frente a los cinco grandes que se ubican en el primer sitio dentro de la misma: Lafite, Latour, Margaux, Haut-Brion y Mouton. Primero, segundo y quinto son de una apelación llamada Pauillac, el tercero de la que lleva el mismo nombre del vino, es decir Margaux y el cuarto de otra conocida como Graves.

El Lèoville-Poyferré es entonces un vino al que se le reconoce ser un second (o deuxième) Cru, a diferencia de los cinco mencionados, llamados Grand Cru. Saint-Julien se distingue por sus vinos finos, elegantes, de larga vida. En esa pequeña apelación las reglas del juego son muy estrictas. Los viticultores pueden elaborar sus vinos con seis variedades diferentes: Cabernet Sauvignon, Merlot, Cabernet Franc, Petit Verdot, Malbec y Carmenere. En efecto, esta última ya en desuso en esta zona pero que adquirió carta de naturalización en Chile, produciéndose con ella los vinos más reconocidos de este país andino en el mundo entero.

A diferencia de muchas otras apelaciones de distintos países de la galaxia vinícola en Saint-Julien existen reglas muy claras con relación a la densidad del cultivo de la vid. En esta Denominación no se permiten cultivos menores a las seis mil quinientas plantas por hectárea y las uvas deben provenir todas de parcelas ubicadas en la comunidad de Beychevelle o en propiedades específicas de las comarcas de Lussac y Saint-Laurent.

Aunque es recomendable beber este tipo de vinos después de al menos unos diez o doce años posteriores a su salida al mercado, los precios que alcanzan para cuando están listos pueden ser realmente altos, por lo que lo ideal es adquirirlos en cuanto irrumpen en los aparadores de las tiendas especializadas o tener amigos dispuestos a compartirlos, como es el caso del señor rector de la UV. En esta ocasión una botella cosecha del 2006 (todavía joven pero ya listo para beberse). Lèoville-Poyferré cuenta con ochenta hectáreas cultivadas en un 65% con Cabernet Sauvignon, 25% Merlot, 8% Petit Verdot y 2% Cabernet Franc.

El vino evoluciona lentamente una vez descorchado. Armonioso, suave y elegante, con aromas extraordinarios de fruta roja y maderas finas que transitan, al contacto con el aire, a impresiones olfativas más complejas, como de fruta confitada, pan dulce y café. Un vino de textura suave y sedosa. Un verdadero regalo para los sentidos, aunque sea de vez en cuando.