Y unos lo toman sin azúcar

Por Ana Celia Pérez Jiménez

Es muy acertado decir que la vida para cada persona es un viaje exclusivo, una única experiencia individual, con diferente sabor, significado, camino o misión. Teniendo al “valor” como detonador importante, el cual regula el tono, la profundidad y la forma con que se va a proyectar esa vida, esa experiencia, su agudeza y gravedad.

Pienso que ese “valor” va adherido con cada decisión que tomemos, más allá de si sea acertado o no, es el grado de valentía que tenemos para probar lo elegido, lo derivado o la consecuencia de todo ello y tal vez hasta su contradicción misma, es la elección del cucharón con la que tomaremos el bocado.

Observo a tantos escudarse de los sentimientos y obviamente los veo cuando yo con ellos tomo la sombra del mismo refugio, creyéndome librada de algún dolor o decepción no esperado. La vida es fuerte, a colores, cruda, palpable, recia y ciega, y es lo único que tenemos o sentimos tener. No conocemos de otra cosa que lo que los sentidos nos confirmen y el alma acierte, quizá la muerte sea la dualidad y el equilibrio a esta experiencia, pero todavía no existe evidencia de ello y yo confirmo desconocer a testigo alguno y admito también no querer hacerlo.

Cuando converso con otros escucho su muletilla, la excusa, la repetición, el dolor o la alegría y es muy sencillo si nos ponemos atentos, receptivos, ya que el otro nos está diciendo todo, incluso en su silencio. La forma del cuerpo es lo que han hecho las palabras recibidas y la acumulación de todo eso que no permeó, por eso también cada dedo, cada arco de ceja, orificio nasal nos hablaba de la tendencia del arquitecto y también los vicios de su demoledor.

Siempre existe una continua conversación si nos detenemos a escuchar, pero hoy me detuve en la palabra “valor” y en esa me quedé, reflexioné, recordé, imaginé y cargué todo el día. Y eso es lo que hoy comparto, una línea de ese parte agua de tantas decisiones, de la silueta de vida, de lo que hacemos por uno y de lo que hacemos por el otro. No hay medio sentido cuando nos encontramos valientes, no hay fantasma que espante de dolor imaginario, al alzarnos en soberanía no hay temor que nos detenga o achique, bueno eso recuerdo, de esos momentos que me tuve, que armas de todo esto y correr a confrontar mi vida, para poder salir del otro lado, no triunfante, pero sencillamente en una situación que desembocará simplemente diferente.