Y un día sueño como alguien positivo

Por Ana Celia Pérez Jiménez

Últimamente he tenido días sumamente cansados, demasiada carga en tantos sentidos lo digo y lo confieso. Emocionalmente todavía sigue el batidero de todo lo que el encierro trajo con él, la confrontación propia, las emociones latentes, los niveles de tolerancia y todo ecualizado de una forma tan distinta, porque la pandemia fue la piedra en nuestro camino de hormigas, en nuestra ruta de vida que lo cambió todo. He notado que mucha gente ha despertado, es como que el miedo que no sembraron dio árboles de distintos frutos. He visto valentía, amor propio, dignidad, cuidado, amor, desprendimiento y quizá si he estado atenta a todo.

El enfrentamiento con ese espejo que muestra todo aquello que se puede perder en un parpadeo nos hizo reevaluar la vida que llevábamos, aquello que hacemos, la felicidad que contiene y la parte de nosotros que en esa felicidad refleja. A todos nos ha quedado claro que venimos aquí a ser uno en comunidad y en singular. Y entra aquí la cuestión de lo que hemos hecho con nuestros tiempos y años, con lo que se nos ha dado y  lo que hemos obtenido.

¿Quiénes somos y qué parte de nosotros todavía nos refleja? Yo en lo personal solté tanto, tanto que me daba más miedo el no reconocerse que la misma enfermedad que nos merodeaba y todavía lo hace. Me hizo darme cuenta que con lo menos me conformaba, ese menos que me adormecía, me calmaba sin embargo no me alimentaba ni el alma ni la creatividad ni la chispa de seguir buscando.

Pero con los días fui despertando, cambiando, recordando. Dejé de creer en el miedo incitado y me quedé con el consejero, con el que ve por mí y no me guarde de mí. Y me llena de fatiga, pero me estoy adaptando en esta nueva rutina donde vivo para mí por mí, y cada paso voy detrás de él y con él.

Es la adaptación de una nueva rutina, un nuevo sentido, una nueva mente y reprogramación. Y me siento más yo, más cerca de mí, escuchando a cada segundo. Que hoy prefiero andar en mis pasos que en los de cualquier otro. El silencio, el espacio y la soledad me hicieron reevaluar mi vida, valorar, dar la vuelta y sacarme, despertar a la niña en mí que tenía sueños, desdoblar esa hoja y ver de qué estaban hechos.