¿Y si automatizan mi función?

Por Maru Lozano Carbonell

Por ejemplo, yo me dedico también a dar clases de inglés y ahora hay muchísimas aplicaciones que traducen y enseñan, lo peor, de una manera muy atractiva y hasta podría ser gratis. ¿Quedaré obsoleta? ¿En qué voy a trabajar?

En temporada de ver a qué universidad se meten los hijos para estudiar, el miedo de los papás es determinante, asfixiante o detonante.  Los papás se quedaron en el túnel del tiempo porque las necesidades son otras, las tecnologías de la información y la comunicación se mueven a pasos agigantados, todo cambia de hoy a mañana y agrégale que los gustos y necesidades también son diferentes.

Innegable que nuestros estudiantes ya no cuentan con el apoyo económico como antes y tienen que trabajar para pagar sus colegiaturas.  Otra cuestión, tienen a lo mejor compromisos familiares contraídos prematuramente, a lo mejor ya tienen hijos o tienen que aportar para los hermanitos, pagar recibos en casa, etc.

No cabe duda que “el futuro ya no es como antes”. Ya no es posible planear a largo plazo porque nos está comiendo el globo en el que habitamos y, si no le seguimos el paso, aunque hayamos estudiado, éste nos marginará.

Las universidades y su oferta educativa en términos de ingeniería y telecomunicaciones podrían existir, sin embargo, no hay suficientes docentes capaces o alumnos dispuestos académicamente para rendir porque vienen de preparatorias rapiditas y con bases endebles. La actitud que se despierta en los chicos es que las matemáticas son horrorosas, que no sirven para nada y las ideas difíciles ya no se quieren abordar a profundidad; además poco espacio para la creatividad y el diseño.

Si el alumno y el docente vienen de un ambiente desmotivado en donde las relaciones están decayendo, ¿cómo se venderá el futuro profesionista cuando busque trabajo? Por eso, aplicación con soledad se llevan extraordinariamente como en el caso de choferes con carro propio.

Todos los centros educativos deberían combinar lo digital con estrategias de conexión humana, hablar en público y el trabajo en equipo. Las universidades podrían diseñar carreras del futuro y las autoridades actualizarse y supervisar a cabalidad. Difícil, porque hoy día pocas instituciones privadas desean equipar y aventarse a contratar gestores y administradores de la educación para diseñar planes y programas de estudio de calidad. Entonces llueven ofertas de carreras que requieren pizarrón, mesa-bancos y alguien de medio pelo al frente de ese futuro que hablamos. Difícil pagar una colegiatura de menos de tres mil pesos, pero posible. Así que no nos asombremos que universidades extranjeras nos coman el mandado cuando se instalen en nuestro país o los alumnos ya mejor prefieran estudiar en línea otras opciones.

Mejor tomemos este avance digital como algo que nos hace la vida más fácil, pero para permitirnos aprender otras cosas y tener tiempo de crear e innovar. Abriguemos la idea de que varias especialidades serán necesarias para irnos formando, porque el estudio no acaba nunca.

Algo importante es que, si las compañías ven que hay mucho conflicto con el personal, querrán invertir en máquinas para lograr objetivos; aunque mil 800 expertos que participaron en un informe de Pew Reach creen que la tecnología no acabará con más trabajos de los que pueda crear en la próxima década, ¿tendremos entonces quién nos prepare?