¡Y faltan los tenis!

Por Maru Lozano Carbonell

Iniciaron las clases. En UABC, la mayoría de mis alumnos trabajan para costear transporte, comidas, material, dispositivos y demás. Desembolsan al menos cinco mil pesos para calentar motores. Los que no tuvieron la suerte de entrar al sistema público, ni tienen mucha libertad financiera, buscan opciones económicas para superarse.

¿Qué es lo que la mayoría de la gente elige para educarse? Dos básicas: “Que se pueda pagar y que tenga calidad”.

Si eres mamá quieres ver, oír, sentir, palpar y oler resultados académicos y sonrisas en tus hijos. Si eres papá quieres que salga barato, que todos estén contentos sin quejarse y que puedas constatar que el gasto haya valido la pena.

Si trabajas mucho, querrás que tu hijo esté seguro y que no exijan tu presencia por tonterías.

Si eres el maestro, quieres que los alumnos ingresen al aula con todo su material y que no interfieran los papás y ciertas autoridades en tu trabajo.

Es un alboroto porque efectivamente el padre de familia conoce a su chico, pero también un docente lo conoce “en acción” y mucho mejor que tú porque lo ve con los compañeros, está más tiempo cerca de él, trabaja con él, interactúa con él… Piénsalo. Un docente es quien ayuda a “hacer o deshacer” la camita donde se gestan los sueños, así que sería estupendo permitirle trabajar con fluidez.

En resumen, ¡todos pensamos en el alumno! Todos queremos que esté ahí sentadito con todas sus cosas, aprendiendo, destacando y siendo feliz.

¿Así están esta semana? No creo. En escuelas públicas el chico respira la ausencia de esos 4 mil pesos que se lograron vaya usted a saber cómo. En escuelas privadas es la locura, el alumno tiene que asimilar alrededor de 20 mil pesos que se invierten en él para su arranque.

Iniciar el ciclo escolar es tremendo porque todos sabemos que incluye uniformes, útiles, inscripción, colegiatura, cuotas… Todos a quien pregunté dijeron: ¡Y todavía nos faltan los tenis!

¿En medio de qué ambiente estamos enviando a los hijos a las escuelas? Como maestra te puedo compartir que tenemos una influencia bárbara y cuando se es estudiante, ellos piensan y sienten que son culpables de los sinsabores en la familia. La mayoría de los alumnos no ven sus útiles como tal, ven y reviven lo que implicó tenerlos, al abrir sus estuches destapan la angustia y de ahí la raíz de su estrés.

Si a esto le agregamos el miedo natural por enfrentar un grado nuevo, maestros desconocidos, situaciones que les horrorizan, yo te invito a cooperar en favor de la causa.

No importa si eres maestro, familiar o papá, esta semana de novedad promueve con afecto un ambiente propicio para el estudiante. El silencio ayudaría más. Escuchemos activamente lo que quieran contar y no les atiborremos de cuestionarios.

Si eres padre de familia, confía. Donde has puesto a tu hijo están todos los expertos en educación rodeándole.

Si eres el maestro, no les asustes con tus criterios de evaluación, una bienvenida cálida y asegurándoles que van de tu mano, es justo lo que necesitan.

La firmeza y seguridad que podemos dar con nuestra estabilidad emocional hará que el ambiente y aprendizaje surjan.  Las herramientas ahí están, ahora solo hagamos que se utilicen con amor.