Votar o ser votado

Por José Cervantes

“Abstenerse de participar en política es ceder el paso a los indignos”: Epicteto de Frigia.

La mínima participación política, que ya es mucho, es votar, pero no como una acción simple e irreflexiva, sino decidir informada y responsablemente, particularmente cuando el voto es  para elegir a quienes gobiernan.

 

La máxima es ser votado, es decir ser candidato a un cargo público de elección. Votar tiene una doble connotación, incluso nuestra Constitución política así lo dispone: Es derecho y obligación a la vez, para participar en la construcción del Estado.

La política no es lo que nos ha hecho creer y practicado el priismo por casi cien años. La normalidad democrática se sustenta en contiendas con dos o más opciones políticas para elegir libre y secretamente, sin coacciones de ningún tipo, a la mejor conforme al criterio personal y conciencia individuales, representadas moralmente por partidos y, en su esencia material, por hombres y mujeres honest@s, inteligentes, preparados y comprometid@s socialmente. Porque gobernar, el apartado más importante de la política, requiere saber, saber hacer y saber ser. Porque en el ejercicio de la función pública no debe haber improvisaciones,  partidos, colores ni preferencias sino la aplicación de la legalidad para armonizar la vida nacional.

Nunca como ahora este binomio –Votar y Ser Votado- había requerido tanto conocimiento, entendimiento, independencia y lucidez. Logramos transitar en relativa calma la década 2000-2010, año en que conmemoramos y festejamos momentos  históricos  de la vida nacional: La independencia en 1800, la revolución en 1900 y la alternancia en el gobierno de la república en el 2000.  Y ahora qué sigue?: Necesitamos hacer un balance incluyente, realista y alejado de pasiones,  individualismos y mesianismos.  

Debemos reconocer que llegamos tarde a la democracia y vamos lentos en la transición democrática, que las facciones no han logrado el Estado de Bienestar ni la felicidad de l@s mexican@s, aunque hayan logrado una relativa armonía entre la clase política mediante el Pacto por México y las presumidas reformas estructurales. Que los indicadores macroeconómicos solo demuestran realidades en el crecimiento económico pero no desarrollo económico. 

Que el corporativismo y sindicalismo han sido utilizados y ejercidos en perjuicio de la población y los trabajadores. Que la pobreza material e intelectual sigue creciendo y siendo factor de atraso, desigualdad y vergüenza internacional. Que los usos y costumbres de la vida política y la complacencia y complicidad entre gobierno y empresarios fomentan la corrupción.

Que las crisis que padecemos derivan de la anarquía generada y solapada por quienes gobiernan –los políticos- y por quienes deben educar -profesores y progenitores-. Que la función originaria del Estado es brindar seguridad a los ciudadanos y, desde luego, facilitarles su estado supremo: la felicidad.

Que si la ciudad –el Estado- no tiene ciudadanos, no hay civismo,  no hay política,  no hay República, no hay Estado ni Estado de Bienestar. Que ante estas ausencias han surgido dictadores, demagogos y tiranos que nos llevan al despeñadero: al caos del Estado Fallido. Que participar –Votar o ser Votado- es el antídoto del abstencionismo.

*José Cervantes Govea  radica en Tijuana, es Contador Público egresado de la U.A.B.C. y Abogado egresado de UNIVER Tijuana. Acepta comentarios a jocegovea@yahoo.com