¡Viva el gobierno! … de Costa Rica

Por Juan José Alonso Llera
Hay temas que pueden tornarse tediosos, por ejemplo seguir hablando de Uber. Ya le he dedicado muchísimo tiempo, de hecho mis “haters”, van a decir que la empresa me paga.

A pesar de estos pensamientos quiero contarles mi vivencia de lo que que atestigüé este martes en Costa Rica. Como en las principales ciudades del mundo, los taxistas amenazaron al gobierno de hacer una huelga general que incluiría bloquear las principales vías de comunicación del país, máxime el acceso al aeropuerto. La coacción fue: 13,000 taxistas quejándose de perder ingresos por la entrada de Uber en agosto de 2015, pidiendo bloquear la aplicación (un juez la declaró legal, basado en el derecho universal al internet), o que les paguen 130,000 dólares por taxi y regresar la concesión, lo que ha permitido que en un año haya 7,000 choferes de Uber.

Todo este escenario nos suena familiar, solo que en un país de leyes, el gobierno realizó un operativo con policías y fuerza pública (3,300 elementos), para impedir que fueran pisoteados los derechos del ciudadano.

En un ejemplo de eficiencia gubernamental, con la obligación de respetar la ley y los derechos de los automovilistas, permitieron solo que los taxistas se movilizaran a paso de tortuga y cuando intentaban agredir o bloquear la marcha de los automovilistas, intervenían las fuerzas del estado, con un saldo final de 75 taxistas detenidos, 33 vehículos decomisados, 119 multas (algunas por agresión a la policía, que probablemente perderán la concesión) en 6 horas de protesta (con un costo de 135,000 dólares para el estado y muchas horas perdidas) que no lograron desquiciar a la ciudad, ni imponer su voluntad.

Muy bien por un gobierno que aplica la ley y no se deja intimidar por un líder sindical que su amenaza textual fue: “La nueva llamada será a la guerra”. Echando cuentas resulta muy claro, 13,000 taxistas no tendrán privilegios en perjuicio de 5 millones de habitantes. Esto siempre acaba siendo un duelo de vencidas entre grupúsculos favorecidos, protegidos porque representan votos y se acaban sintiendo dueños de las calles y un gobierno que debe procurar el bien de las mayorías por encima de intereses personales. Me pareció sensacional la campaña de Uber que salió en todos los periódicos el día anterior. En paréntesis pongo la explicación:

“En UBER estamos todo bien (a toda madre) con los rojos (taxistas), por eso hoy, que la movilidad esta comprometida, todos los viajes cuestan un rojo” (billete de mil colones, que al cambio son 2 dólares)

Al final del día imperó la ley, el beneficio de los ciudadanos, los dolores de cabeza fueron mínimos (“perro que ladra no muerde”).

Yo no tengo nada en contra de los taxistas, pero no se vale atacar a nadie a la mala por la caída de tus ingresos, con una flota de 13,000 autos hay muchas posibilidades de hacer un negocio rentable, solo hay que salir de la zona de confort y quitar el proteccionismo que dió frutos en el pasado.

Lo justo es que haya fairplay para todos y que compitan en igualdad de condiciones. El mayor beneficiado siempre será el usuario. Un punto muy importante es que estas plataformas siempre llegan a evidenciar el alto grado de corrupción en los sistemas de transporte público (como pasa con los Hernández).