Viene la “uberización” de las finanzas

(The Wall Street Journal )

Imagine que desea comprar una casa. Un agente de bienes raíces puede mostrarle varios lugares, una forma de hacer las cosas muy ligada al siglo XX. También podría ir al siglo XXI y acudir a Internet para investigar precios, propiedades disponibles y hacer algunos tours virtuales.

A la hora de comprar, sin embargo, es probable que no tenga más remedio que recurrir a los procedimientos creados durante la era de sus abuelos. Tendrá que reunir una serie de documentos financieros y presentarlos a un agente de préstamos de un banco, quien demorará semanas en decidir el monto y la tasa del crédito hipotecario y ofrecerle un estrecho menú de opciones costosas.

 

Imagine, en cambio, una interfaz de Internet sencilla que pueda generar un puntaje de crédito a su medida tomando en cuenta su potencial de ingresos basado en su educación y lugar de residencia. Lo conectaría a entidades de préstamos como bancos, cooperativas de crédito o grupos de individuos dispuestos a prestarle a una tasa de interés negociada y plazos acordados. Podría probar el mercado, combinar distintas opciones de financiamiento y orquestar un crédito hipotecario a su medida, todo en cuestión de horas.

No hemos llegado ahí, pero lo podríamos hacer pronto. Durante la próxima década, los modos tradicionales que caracterizaron a la banca y la inversión en el siglo XX darán paso a algo muy distinto. Estamos a las puertas de la “uberización” de las finanzas, que generará una multiplicidad de oportunidades acompañadas de un rango de nuevos riesgos.

La omnipresente compañía para reservar taxis utiliza un dispositivo sencillo, el smartphone, para conectar a personas que quieren ir de un lugar a otro con gente que los quiere trasladar. Uber es un intermediario tecnológico que está volviendo obsoletos a los intermediarios. Las finanzas son unos de los sectores más intermediados del planeta y eso es, precisamente, lo que está por cambiar. La uberización también implica el uso de enormes cantidades de datos para hacer factibles tales conexiones.

La tecnología es una de las fuentes del cambio, al igual que la legislación. En Estados Unidos, la ley JOBS de 2012 contiene estipulaciones aparentemente inocuas que facilitan que startups recauden fondos de inversionistas que antes eran considerados demasiado pobres para incursionar en estas actividades. A finales de octubre, la Comisión de Bolsa y Valores de EE.UU. dio el visto bueno final a las normas, que entrarán en efecto a comienzos del próximo año. El resultado es que cualquier empresa con una idea podrá solicitar y levantar hasta un máximo de US$1 millón sin tener que cumplir onerosas exigencias regulatorias y de divulgación de información.

¿Qué cara tiene el futuro? La banca minorista es el área del sector financiero que ha atravesado grandes cambios durante la última década. Los cajeros humanos son escasos y muchos clientes usan sus smartphones para hacer pagos y depósitos. Negociar acciones en línea es mucho más fácil.

Sin embargo, servicios básicos como otorgar crédito, recaudar capital e invertir a nombre de clientes siguen dependiendo de que una firma haga el papel de intermediario. Muchas startups ya han sido lanzadas y las firmas de capital riesgo financian nuevos actores todos los días. Aquí ofrecemos un vistazo de los cambios que se avecinan.

 

 

Un préstamo, por favor

El cambio más inmediato será una explosión de los préstamos entre particulares, o sea sin tener que pasar por un intermediario. Así como Uber nos devuelve a un mundo en el que cualquier individuo al volante puede llevar a una persona que hace dedo, el peer-to peer lending es nuevo y, al mismo tiempo, viejo. Antes de que se formara un robusto sistema de banca comercial y minorista, había gente dispuesta a prestar dinero y gente que quería pedirlo. Sin embargo, la actual ola de servicios entre pares lleva el concepto a un ámbito virtual en el que los grupos de pequeños prestamistas se combinan en Internet para conceder múltiples préstamos pequeños. Lo pueden hacer sin la fricción, el costo y los altos escollos regulatorios propios de la banca tradicional.

Ya hay varias empresas haciendo esto, como Lending Club y Prosper, pero la mayoría ya cumplieron una década, es decir son ancianos para los estándares de la tecnología. Con menos de US$7.000 millones en préstamos en 2014, son actores diminutos en el universo del crédito. Ahora, sin embargo, el sector crece en forma explosiva. PricewaterhouseCoopers estima que el negocio podría ascender a US$150.000 millones para 2025.

El aspecto negativo es que los intereses son más altos que los que cobra la banca tradicional y a veces se ubican muy por encima de 10%. El aspecto positivo es que quienes necesitan sumas modestas (uno de los sitios web fija un tope de US$35.000) pueden obtener fácilmente fondos de inversionistas particulares en busca de mayores retornos. Es una propuesta atractiva para los prestamistas porque les permite dividir su capital en muchos más préstamos, lo que reduce el riesgo.

Las opciones empiezan a proliferar. Los capitalistas de riesgo creen que los créditos no tradicionales serán un mercado enorme, en especial para los miembros de la Generación del Milenio, que en todas las encuestas sacan a relucir su desconfianza y desprecio hacia los bancos tradicionales. Empresas nuevas como SoFi (que ha recaudado más de US$1.000 millones) se abocan a los préstamos individuales a costos más bajos y a los créditos estudiantiles, ayudando a las personas a refinanciar sus préstamos. SoFi también incursiona en la refinanciación de hipotecas, otra área donde los bancos tradicionales y el gobierno han sido perezosos, por decirlo de una manera cortés.

*Escrito por Por ZACHARY KARABELL

 

 

Artículo tomado de The Wall Street Journal, nota complete CLIC AQUÍ