Viajes, trámites y fechas límite

Por Dianeth Pérez Arreola

He trabajado muy duro por más de seis meses tanto en escribir un proyecto de investigación para un estudio de doctorado en la Universidad de Leiden, como en reunir toda la documentación correspondiente para el Conacyt.

Las cosas dieron un giro inesperado cuando descubrí que para presionar el botón de “Enviar solicitud” era necesaria la firma electrónica; un trámite que se hace personalmente en cualquier oficina del SAT en México, y que yo, 15 años inactiva fiscalmente en México por supuesto, no tenía.

La fecha de cierre de la convocatoria es el viernes 16 de junio, pero aunado a eso ya teníamos planeadas unas mini vacaciones en Berlín, donde trabaja mi marido desde hace dos meses de lunes a viernes.

Después de pensarlo una noche, busqué el vuelo más barato de Ámsterdam a cualquier punto de México; ganó Cancún. Reservé dos noches en el hotel más cercano a las oficinas del SAT donde ya había hecho una cita por internet para el lunes y vuelo de regreso a Ámsterdam el miércoles, siete horas antes del vuelo a Berlín.

Llegué en la tarde del domingo después de un vuelo de casi 11 horas con escala en Varadero. Mi cita con el SAT era el lunes a las 2 de la tarde.

Como si toda esta aventura no fuera suficientemente complicada, pasa esto: Traigo mi credencial de elector y mi pasaporte como identificación. El pasaporte mexicano ya sabía que estaba vencido, la credencial no. No pude pasar de la recepción en mi cita con el SAT.

Tras algunas dificultades logré que me hicieran una cita para el día siguiente. Es más fácil sacar un pasaporte de emergencia que una nueva credencial, así que corriendo de regreso al hotel para averiguar dónde estaba la Secretaría de Relaciones Exteriores, me di un tirón en el músculo de la pierna.

Tras más dificultades logré que me dieran la cita para el pasaporte el martes a las 8 de la mañana, seis horas antes de mi nueva cita con el SAT, y ese mismo día vuelo de regreso en la noche.

Llegué a las 7 y media a la oficina de la Secretaría de Relaciones Exteriores para la cita del pasaporte de emergencia. Me pasaron hasta las 9 y media y salí de ahí a las 11. Solo quedaba esperar hasta la cita con el SAT a las 3 y media de la tarde, así que me fui al hotel, hice la maleta, la dejé en recepción y me fui a comer y a hacer tiempo.

Estaba cerca de un gran centro comercial, así que tenía mucho que ver. En el baño del restaurante, me pregunta una señora si sería cierto lo que dijeron ayer. ¿Qué dijeron? Le pregunté. “Pues que había una amenaza de bomba en el centro comercial”, dijo. Lo que faltaba, pensé. Que evacúen toda la zona –y por supuesto el SAT, que está justo al lado-, y haya venido a Cancún por nada. Todo va a salir bien, me digo a mí misma.

Una vez en el SAT, había que hacer el trámite para sacar una contraseña y luego para la toma de huellas dactilares y la foto del iris. En la primera parte todo fue bien. En la segunda, me dice la encargada: “no sé por qué no quiere registrar la información, voy a cerrar todo y a empezar de nuevo”.

Pánico. Los funcionarios públicos huelen el miedo, pienso. No hagas contacto visual, voltea a una esquina, bosteza o mira tu reloj como si no pasara nada. Tras un par de minutos, repitió todo el procedimiento y me regresó la memoria electrónica que llevé para el trámite.  “Ya quedó, eso es todo”, dijo. Me levanté como un resorte, le di efusivamente las gracias y salí corriendo.

Tenía media hora para ir al hotel, recoger mi maleta y esperar el taxi. En el aeropuerto compré una hora de internet, tiempo que coincidía con la hora de abordar y la batería de mi computadora. Batallé para encontrar el camino correcto para registrar la firma electrónica en el Conacyt, y justo cuando presioné “Enviar solicitud”, un minuto antes de que se acabara mi tiempo de internet, se me acabó la batería.

Continué todo en cuanto llegué a casa y recibí el correo de confirmación. Hice las maletas y me fui con mi familia al aeropuerto para salir a Berlín. Estando a punto de abordar, recibo un mensaje que dice que mi Cédula de Identificación Fiscal no es la correcta. En cuanto llegamos a Berlín pasé una hora bajando programas que me ayudaran a ver, escanear y transformar archivos hasta que finalmente quedó listo.

Fue mi primera visita a Berlín y no pude disfrutarlo mucho. Mi alergia primaveral se transformó en gripa, y mi gripa en algo peor. En cuanto aterrizamos en Holanda fui al hospital: neumonía, pero no importa; misión cumplida. Espero recibir noticias positivas de Conacyt en agosto y empezar el doctorado en la Universidad de Leiden en septiembre.