Verdades que llegan marchando

Por Ana Celia Pérez Jiménez

En la última discusión, en esa que sabes que va la última explicación, que sabes que es la última vez que ampliaras ese panorama para que el otro pueda asomarse a tu perspectiva, que logre poquito entre palabras y expresiones saber un poco de tu mundo, de cómo tu mente desde años y con la información ahorrada, acumulada, buscada, filtrada te hace pensar de ciertas formas; el escenario preciso que tienes de la vida con lo que da y quita, la experiencia, la sensibilidad.

Hay personas que jamás podrán comprender lo que uno trata de decir, me ha quedado claro y en estos días he entendido que eso también está bien, todos vamos en diferentes niveles, vidas, despertares, experiencias y conciencia. Es agotante repetirse una y otra vez, y a veces es sencillamente para contestar las más burdas preguntas, me queda claro que tanta gente está llena de opinión porque son tan carentes de acción, saben darse viada con palabras tan superficiales como un flotador, no hay profundidad de conocimiento, no hay profundidad de sentimiento, no existe un verdadero interés, sencillamente con sus comentarios están peinando del lado que sopla el viento.

Debemos entender que los verdaderos cambios no se tratan de confort, de comodidad, de paz; aunque para muchos les suene incongruente y contrario. Para muchos es hasta que pincha el resorte del sillón que se ponen de pie y con ese cambio de posición, cambia el panorama; es que no es lo mismo tener una pantalla enfrente que a una ventana, no es lo mismo una ventana que una calle, no es lo mismo la calle que andar en ella.

Muchos creen que por poseer tradición entre sus líneas conservan algo, pero debo de admitir que están conservando la misma fórmula que desde un principio nos hizo daño, únicamente que con los años se agudiza el veneno y se hace más fuerte, más letal, más visible y con tantas cámaras, con tantos medios todo se expone, como una rosa abierta, como la boca antes del bocado, como un libro que cae abierto.

Es cansado creer saber la verdad, por eso es mejor experimentar esa verdad o quizá ese error del cual nos colgamos tan fuerte y no queremos soltar, como el balón entre los brazos juntos antes de llegar a la meta. Invito a preguntar, no para contestar lo que ya repetimos, sino para indagar en las respuestas, como en el ejercicio de ecuación que se quiere descubrir cuál es el valor de la “X” para ello primero debemos despejar y conocer el valor de las otras variables.

Es tan fácil creer que se avientan verdades, cuando solo son eructos de la ignorancia con arraigo.