Veneno de silicona

Por Claudia Luna Palencia 

http//claudialunapalencia.blogspot.com

Lo que hace la vanidad: Cambios en gustos,  modas y preferencias en la última década  han elevado la recurrencia de la gente en  México para someterse a modificaciones  estéticas gracias a la cirugía plástica.

De hecho, entre jóvenes de 15 a 18 años, el  deseo de ahorrar o tener dinero no es más para  comprar el primer coche o realizar el viaje soñado,  lo es más bien con la finalidad de utilizarlo para  una cirugía plástica temprana, casi siempre un  aumento de senos o una rinoplastia.

A raíz de la demanda (que además lo mismo existe entre la clase más pudiente que entre la  de menor ingreso en la llamada clase media)  prolifera un cúmulo de cirujanos especializados  versus falsos cirujanos; en suma toda una industria  relacionada a los spas, el botox, ácido hialurónico,  aparatos con rayos, implantes, hilos para estirar  la piel, muchos productos legales pero también   otros de mercado negro e inclusive  fabricados con  sustancias nocivas.

Por doquier hay boutiques de belleza,  sanatorios de cirugía plástica y consultorios  “patito” para mujeres que ante la estreches del bolsillo sacrifican calidad por precio. 

Empero, vánitas vanitatum, et ómnia vánitas.  En efecto, es increíble hasta dónde puede llegar  una persona por mejorar su físico arrastrada por su  vanidad afectada por excentricidades al estilo de “sin  tetas no hay paraíso”.

Y no sólo es moda, sino tendencia: Datos de la  Asociación Mexicana de Cirugía Plástica, Estética y  Reconstructiva (Amcper) revelan que cada año en  México suceden 500 mil intervenciones en centros  de salud regulados; de las otras operaciones no hay  cifras fidedignas.

Para como van las cosas, en América Latina,  Brasil ocupa el primer lugar en cirugía plástica, le  sigue México y es significativo dado que son dos  de las economías más desiguales, inequitativas, de  mayor brecha económica y número de millones de  pobres. 

Pero como entre los sueños no hay brechas,  las jóvenes viven el boom de la talla 36, aunque ese  paraíso puede ser más bien el laberinto del infierno.

Hay quienes al no poder pagar por una  operación para la colocación de implantes buscan  las inyecciones sin saber que son lubricantes,  aceites de cocina o aceites combinados utilizados  como sustancias para introducirlos en labios, senos,  caderas y glúteos.

Dentro de esta gama se pueden encontrar  inyecciones desde los 50 pesos en el mercado  negro y en consultorios “patito” hasta los mil pesos  por varias sesiones.

Si hablamos de una operación,  más o menos  hay un estándar, cuando se recurre a un hospital  y doctor con todas las de la ley, los implantes  oscilan entre los 70 mil a 100 mil pesos con los  gastos incluidos sin considerar ninguna noche de  hospitalización porque generalmente dan de alta el  mismo día.

P.D. Le invito a que opine del tema en mi blog  http//claudialunapalencia.blogspot.com

*La autora es periodista y presidente de Entorno XXI.

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