Vainillina

Por Ana Celia Pérez Jiménez

Me pregunto, ¿qué parte de nosotros nos hace sentir?, ¡sí!, físicamente hablando y hacia donde doy con los interruptores, esos botones de prender y apagar, dónde está ese generador, dónde está esa picada de la que todos hablan donde uno se arroja cuando nos embarga el amor y el inmediato deseo de abandonarnos para solo pertenecerle al otro. Yo sé que no todo es imaginado y vaya que existe una gran diferencia entre imaginarlo y saberlo.

Sé que tenemos islas dentro, lugares no explorados, nos han fallado los libros de anatomía humana, la ciencia y el mundo entero; entre todos sus conteos, pruebas, órganos y huesos, no nos han dicho donde se anida la memoria de un beso, donde se coloca el aroma de la persona amada, donde almacenamos las personas irremplazables, donde nos escondemos nosotros mismo cuando tenemos miedo y nos dejamos en automático por el mundo. Han olvidado encontrar los castillos y las guaridas en el cuerpo vivo y en el muerto.

Tantas preguntas que el cuerpo no me responde, menos una voz,  pero el corazón me dicta y mi mente las procesas. Esta fábrica tiene sus lugares inhóspitos, como sus lugares de gozo y alegría, estoy consciente de todo esto. Tengo mis murales de logros, ¡yo lo sé!, sé que tengo grabado el teléfono de mi primer novio, tengo en una presentación de fotos a la que llame la mejor noche de mi vida, guardo el primer poema que me leyeron y entendí, guardo ese que me hizo llorar y aquel también que nunca comprendí. En algún lugar debe de estar el recetario que al que jugaba preparar donde tenía el pastel de zanahoria y el volteado de piña.

Tengo los collages de todo lo que yo quería de mi futuro, tengo un retazo de tela del color que sería mi vestido de graduación con todo y textura, tengo un dibujo de cómo imaginaba mi  casa en mi vida adulta hecha con un lápiz del número dos; sé que tengo todo eso y más, pero no sé dónde, no sé ya cómo llegar. Hoy busco, hoy tengo añoranza, hoy necesito motivos; quiero regresar a esas mañanas de los sábados, a mis desayunos de los domingos, al patio de mi abuela, a las vísperas de navidad, a la mesa del pastel de mi cumpleaños justo antes de soplar las velas. Hoy que lo he olvidado todo, extraño esas ganas, esa magia, que se esconde en un lugar muy dentro de mí.