Una paloma en el cable de la luz

Por Ana Celia Pérez Jiménez

Estamos tan llenos de reglas y etiquetas como una cuadrícula que nos va cortando y moldeando y llevando en esa cárcel del nuevo siglo, invisible para los ojos pero el alma la va resintiendo ¡vaya que eso sonó muy Principito! Pero es la mera verdad, vivimos en una cárcel invisible a los ojos y a veces encontramos tanta norma tan normal, tantos seres iguales cuando nacemos tan distintos.

Poco a poco desde la infancia se nos fue cortando el ser, la originalidad y la opción de la improvisación, porque simplemente nos saldríamos del patrón y eso es mucho riesgo para un padre, para la escuela que lo atiende, la sociedad que lo sostiene y para el mundo en el que vive y programa, allí van volviéndonos tendencias, corriente, de colores, uniformados, encorvados por cargar los libros obsoletos para estos tiempos modernos, que cada vez se descubre más que la historia es solo la realidad del adinerado autor más allá de lo que fue y lo que nos persigue y darnos una verdad de más sería convertir el conocimiento en un arma que no quiere el gobierno. 

Cada vez más familias de cuatro, más matrimonios por tradición que por amor, cada vez más opiniones solo para sacar provecho de la cavidad llamada boca, nos ponen la felicidad en vitrinas y en el tener, no sé qué hago yo sentada en una silla como que con mueca de sonrisa y paz en este momento sabiendo que no tengo nada, ni un logro tangible, ni el diploma, los hijos, el vestido de domingo, solo cuento con mis pensamientos que a momentos se ponen de acuerdo para crear una idea, otras veces se encuentran dispersos y distraídos solo observando el mundo desde los ventanales de mi cabeza. Me siento devorada por el silencio, me siento perdida en lo que no combina, a veces me creo como ese suéter que produce buena idea el tenerlo mas te das cuenta que no combina con ningún atuendo u ocasión, a veces su material  pica y es molesto, pero te lo quedas porque algunas cosas son solo buenas ideas. 

Hoy ejerzo mis palabras por aquellos que siempre estamos fuera de lugar, bizarros ante los tiempos modernos, entre libros y problemas, cuestionando la realidad que se nos vende día a día en  cómodas mensualidades. Mientras se aplauda al rico por ser rico, no habrá cambio en este mundo, mientras la belleza hipnotiza no se reconocerá la inteligencia y los santos, oradores y líderes serán aquellos con los rasgos de un mundo cosmopolita. Yo ejerciendo el derecho de ser una persona modestamente fea y amándolo, lo aclamo y lo quiero, ser un rostro que se cuestione para encontrar lo que esconde, viva la brutalidad de lo real y honesto, del yo original que se esconde entre adornos, moños y comillas esperando nacer, esperando al “ Cristóbal Colón” de nuestros tiempos.