Una nueva normalidad no tan normal

Por Héctor Fernando Guerrero Rodríguez

Una nueva normalidad se podría definir como aquello que antes no era común y ahora lo es. Una definición que pudiera parecer muy elemental a primera vista, pero que en realidad implica una serie de cambios a los que había cierta resistencia o que probablemente estaban planeados que sucedieran a otra velocidad y que la actual pandemia ha empujado a las empresas a actuar incluso de manera disruptiva. El ejemplo más visible es el trabajo a distancia que durante varios años se vio con cierta desconfianza por parte de los supervisores o gerentes para con sus colaboradores, ya que la que la mayor preocupación era asegurarse que realmente trabajaran, y si no los veían no podían tener esa certeza. Por otra parte, el colaborador se ilusionaba con un Home Office hecho realidad, donde tuviera la flexibilidad de distribuir su tiempo durante el día sin salir de casa. El Covid-19 ha enviado un gran número de gente a trabajar desde casa y se han dado cuenta que no todo es como lucia cuando sólo era una aspiración. Se enfrentan a problemas de conectividad, los accesos a información compartida por VPN es muy lenta en varias ocasiones, las labores se tornan solitarias al grado que, hay quienes han expresado que han llegado a ver el trabajar desde casa como una especie de arraigo domiciliario. Mientras tanto a los empleadores no les ha quedado más remedio que aprender a confiar a que su equipo dará resultados aún a la distancia.

Así como el Home Office es un tema que no es nuevo pero que sí se había procrastinado durante años, otras medidas impensables hasta hace algunos meses han empujado a las empresas a la creación de nuevas funciones como el vigilar que el personal cumpla con las medidas de prevención. Hay quienes le llaman Auditor Covid y es quien se asegura que todos usen su cubre-boca, guarden su distancia, desinfecten sus manos periódicamente, hace tomas temperatura aleatorias, por mencionar algunas. Eventualmente este puesto adquirirá un valor en el mercado como función especializada y tal vez lo veamos en futuras encuestas salariales.

El Covid-19 también ha orillado a los departamentos de mejora continua a replantearse nuevas maneras de incrementar la eficiencia, efectividad y productividad de los procesos de producción dadas las nuevas limitantes. Anteriormente uno de los objetivos de distintas filosofías de producción era buscar el mejor aprovechamiento del espacio. La consigna era cómo hacer más con menos gente en el menor espacio posible. De unos meses a la fecha, lo anterior carece de sentido, o al menos deberá buscarse de una manera totalmente distinta. Las estaciones de trabajo deben guardar su sana distancia, dividas por separadores de acrílico o algún plástico. Tal vez la “manufactura esbelta” le ha cedido el paso una “manufactura sana”.

En medio de esta nueva normalidad el área de Recursos Humanos o Capital Humano, más allá de establecer un debate de cuál debería ser el nombre apropiado para su departamento, el verdadero dilema se encuentra en cuáles deberán sus funciones de gestión de seguridad física, emocional, psicológica y financiera de los empleados en un ambiente de aislamiento social. Cómo facilitar la comunicación, el trabajo en equipo y desarrollo del talento cuando la capacitación presencial parecería cosa del pasado; cómo atraer talento sin caer en la discriminación de grupos vulnerables y como retenerlo cuando se tienen márgenes de maniobra muy limitados.

Definitivamente esta pandemia marcará un antes y después en muchos aspectos para muchas empresas y sus departamentos. Para los empleadores y sus colaboradores. Para los prestadores de servicios y para los usuarios. Para todos en general. Lo cierto es que, esta nueva forma de vivir nos ha orillado a enfocarnos en lo primordial para dejar de lado lo superficial.